El piloto mexicano José Salvador López Santos, detenido en junio de este año tras aterrizar en el aeropuerto de Managua con casi un millón de dólares, fue hallado culpable del delito de contrabando aduanero, por un tribunal de jurado.
El veredicto fue el resultado de un juicio lleno de polémicas intervenciones de ambas partes, al punto que el abogado defensor, Hardlen Huete, estuvo detenido por irrespetar la autoridad del juez Cuarto de Distrito Penal de Juicio, Jaime Alfonso Solís.
El juez Solís ordenó que la Policía detuviera 10 minutos al defensor Hardlen Huete, después que éste último insinuó que el judicial era más complaciente con la Fiscalía y la Procuraduría General de la República (PGR) que con él.
Huete fue llevado a las celdas preventivas de los juzgados, pero no fue encerrado donde están los reos, sino en las oficinas del puesto de mando. “Sólo es para que se calme”, dijo el juez Solís, quien durante el juicio en numerosas ocasiones ya había llamado la atención a Huete.
Las cosas comenzaron a andar mal para el mexicano desde que ayer pidió la palabra al juez Solís y expresó que no se sentía realmente defendido por el abogado Huete. “Me siento indefendido y pido que ya no siga él (Huete) como mi defensor”, dijo el mexicano.
El abogado se sintió “desinflado” y hasta dejó de hacer preguntas a los testigos presentados por la Fiscalía y la PGR, pero, luego de conversar con su defendido y familiares del mexicano, retomó el curso de la defensa.
Uno de los testigos que presentó Huete fue al abogado Mario Zelaya Reyes, quien supuestamente es experto en leyes aduaneras y con él se pretendía demostrar que López Santos sólo habría cometido una falta administrativa y no un delito.
Pero el juez Solís descartó como testigo perito a Zelaya Reyes, luego de que éste fue interrogado por el procurador Hernaldo Chamorro y no demostró vastos conocimientos sobre leyes aduaneras. El colmo fue cuando el fiscal Alejandro López lo descubrió leyendo de una de sus manos cuáles son las leyes vigentes que tratan sobre temas aduaneros y lo delató ante el judicial.
Al final del juicio el mexicano nuevamente tomó la palabra y admitió que cometió un error al trasladar los 965 mil 10 dólares desde México a Nicaragua, pero que se enteró que el dinero estaba en la aeronave que pilotaba hasta que subió a ella.
Aseguró que la persona a quien iba a entregar la gran suma de dinero se llama Juan Bautista Espinales, pero no brindó más detalles sobre esa persona, sólo que le iban a pagar dos mil dólares por el traslado.