La presencia de medios sociales independientes y críticos en los espacios culturales, filosóficos o de la creación literaria o científica ha hecho posible, en todas las sociedades democráticas, la existencia misma de la política y la ideología al ampliar el debate nacional. Los partidos tienen su papel concreto en una sociedad plural y democrática, pero su proceso histórico en la lucha por el poder y el cambio social puede excluir ciertas manifestaciones criticas que se deben cumplir, por otro camino, organizaciones o grupos independientes.
Si los partidos son indispensables para el funcionamiento de la democracia, también lo son todos aquellos medios que aglutinan la posibilidad crítica o informativa, desde lineamientos civiles independientes.
La prensa crítica proporcional al ciudadano instrumento de análisis para constituir, juntos con su sentido común, el espíritu social crítico de la época.
El negocio del elogio y los métodos que en nada dignifican las funciones del periodismo, es el más desfavorable, porque una vez que se le ha puesto en la cima al político, a base de lisonja servil y elogio, no puede dejar de enfrentarlo a una realidad que lo desautoriza. Cuando deje de ser el funcionario ciudadano libre, y el negocio del elogio ya no opere “eficazmente” sucumbirá este ante el juicio y la crítica histórica.
El valor de la polémica abierta es una conquista democrática de la sociedad. Los límites y las reglas entre el Estado y los medios, no las impondrá el Estado, sino la prensa, la independiente y democrática.
La creación de una auténtica democracia, exige que los problemas del país sean discutidos por todos los que se interesan por ellos, aun con discrepancias y a pesar de la magnitud de las diferencias que puedan surgir. Tratar de impedir la expresión de las ideas, implica tener miedo a la crítica y desconfianza en los puntos de vista propios.
Es necesario darle a las relaciones entre prensa y gobierno un carácter abierto y democrático, donde la crítica sea también una forma normal y estimulante del diálogo.
La tolerancia jamás ha sido un regalo de los sistemas políticos, sino una conquista de las fuerzas que en el mundo moderno han luchado por la democracia. Pero la tolerancia es, sin duda alguna, el signo primario y fundador de una civilización política democrática.
Cuando la autoridad sataniza a un profesional o a una publicación, algo falla en esa relación, pues basta que se haga pública la hostilidad de una autoridad hacia algún órgano periodístico, para que la existencia de ese órgano se haga casi imposible, ya que sobran quienes, en todos los sectores, prefieren halagar a la autoridad, que mantener su relación normal con el periodista y la publicación satanizada. No puede soslayarse que esta situación es grave para el periodismo nicaragüense.
También es importante que popularicemos las acepciones de lo que es Estado y Gobierno y, para que no existan confusiones de ambos y darle un sentido democrático de respeto a la constitucionalidad y la estructura misma del Estado.
El Gobierno tiene sobrada capacidad mercantil para defender su verdad publicada y sus razones. Y dispone del recurso legal para actuar en contra de quien lo injurie o difame.
Sí, es molesto e irritante hacer cuestionamiento sobre política gubernamental, un medio de comunicación social ha de tener la obligación de evadir cuestionamientos, análisis o simplemente informaciones que dañen la imagen del Gobierno. ¿Dónde queda el derecho a la información y a la expresión?