El economista Sergio Santamaría criticó ayer la “generosidad” del Gobierno de premiar con cerca de 300 millones de córdobas, en los últimos tres años, a los transportistas de Managua.
De acuerdo a los mismos datos oficiales, en el 2005, los buseros de Managua recibieron unos 70 millones de córdobas, cifra que aumentó para el 2006, cuando se les entregó unos 110 millones de córdobas.
A la fecha, de acuerdo a un informe del Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP), ya se les ha entregado 93 millones de córdobas que pretenden mantener una tarifa de 2.50 córdobas en las rutas urbanas. Además de esos fondos, el Estado le ha entregado a los buseros más de tres millones de dólares en combustible venezolano, dijo ayer el Presidente Daniel Ortega.
Esos millones en combustible forman parte de los arreglos que Nicaragua mantiene con el Gobierno venezolano y han sido administrados y entregados por el Instituto Regulador del Transporte Municipal de Managua (Irtramma), informó Ortega ante los diputados de la Asamblea Nacional.
“Con todo ese dinero que se les ha entregado a los transportistas de Managua se pudo haber desarrollado desde hace tiempo una estrategia para cambiar la flota vehicular en la capital”, dijo Santamaría.
Los usuarios tampoco están de acuerdo. La Red de Defensa al Consumidor asegura que la liberalización del transporte colectivo permitirá una mejor competencia y servicio en el sector, sin necesidad de otorgarles subsidio.
“Para nadie es un secreto que el maltrato, los insultos y conductores manejando como locos es el pan nuestro de cada día cuando andamos en ruta. Nada ha mejorado, más bien estamos peor, porque a nosotros nos toca pagar los millones que se les dan a los buseros”, declaró el usuario Víctor Porras, al ser consultado sobre la entrega del subsidio al transporte colectivo de la capital.
EL CAMBIO DE BUSES
De acuerdo a los cálculos de costos de operación con el que trabaja el transporte colectivo en Managua, el combustible representa al menos el cincuenta por ciento del gasto total. A eso, se le suma que las máquinas circulantes en Managua son obsoletas y por lo menos recorren unos nueve kilómetros por galón de combustible.
“El hecho de que los buses sean tan viejos (como promedio, los buses de la capital fueron fabricados hace más de treinta años), significa que los costos se incrementan. Por eso, después los transportistas quieren subir la tarifa, la población no puede pagar más, y el Estado tiene que entregarle millonarios subsidios”, dijo Santamaría.