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La lencería
Inés Izquierdo Miller
Nuestra ropa interior tiene unos orígenes muy remotos
revista@laprensa.com.ni
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Cuando vemos los fastuosos desfiles de lencería de Victoria Secret nunca pensamos que la ropa interior femenina tiene una historia bien antigua, cuyos orígenes se remontan a las antiguas civilizaciones.

Si leemos a Homero veremos un pasaje donde cuenta como Afrodita, diosa del amor prestó a Hera, esposa de Zeus, un ceñidor que moldeaba a la perfección la cintura. Cuenta el poeta que cuando Zeus la vio con esa prenda, quedó rendido de amor.

Ese ceñidor era una prenda interior femenina de la época y su nombre era zóster y consistía en una banda de lino blanco bordada y tenía un valor simbólico y social, ya que al contraer matrimonio sus esposos las desataban como símbolo de esa unión.

Las mujeres casadas cubrían sus senos con otra banda muy adornada con cintas de colores que se llamaba apodesmo y además de esas dos piezas usaban un peplo, que no era más que un gran manto rectangular de lana colocado en el hombro izquierdo y sujeto sobre el derecho con una aguja.

El peplo llegaba a los pies, se ceñía a la cintura, pero permitía que el muslo derecho quedara a la vista a través de una abertura.

En esos tiempos la ropa interior no sólo cubría las partes íntimas, también determinaba estado civil y posición social.

La primera prenda de ropa interior conocida fue el shenü, una especie de enagua vaporosa, bordada con hilos de oro, adecuada para el clima de Egipto.

El equivalente de la ropa interior en la Antigua Roma era una túnica hecha de hilo, o de lino, y además usaban directamente sobre la piel el mamillare, una especie de venda o faja de tejido fino que servía para sujetar y alzar el pecho.

Así con los años las costumbres fueron cambiando y cada vez más las mujeres comenzaron a usar más prendas interiores: camisa, pantalón, corsé, cubrecorsé y enaguas, con muchos encajes, lazos, bordados y cintas.

El corsé fue una pieza muy usada que casi era una tortura física, sobre todo para las más rellenitas que necesitaban más de una sirvienta para apretar las cintas de su prenda.

Ya en el siglo XX comienza un proceso a la inversa. En la década de 1910 la danza comenzó a influir en nuevos cambios, cuando Isadora Duncan eliminó su corsé y vistió una túnica a la manera griega, para volver a los orígenes.

En la década del 60 llegó la masificación del pantalón, la ropa interior comenzó a empequeñecer hasta llegar al hilo dental, pasando por los calzones biquinis y tangas.

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