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Los retos de la señora Kirchner
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Tal como se anticipaba, la candidata oficialista en la elección presidencial celebrada en Argentina el domingo pasado, Cristina Fernández de Kirchner, ganó con una amplia mayoría de 44.9 por ciento de los votos. Los candidatos que más se le acercaron fueron Elisa Carrió, una liberal cristiana que obtuvo el 23 por ciento de la votación, y Roberto Lavagna, peronista disidente y socialdemócrata por quien votó el 16.9 por ciento de los electores.

La principal propuesta de la señora Fernández de Kirchner fue un diálogo social entre trabajadores y empresarios, para mantener el llamado “modelo de acumulación y de inclusión social” que inició el gobierno de su esposo hace cuatro años. Ahora, inmediatamente después de conocer su victoria electoral, la señora Kirchner llamó a todos los argentinos, sin distinción de colores políticos, a iniciar una nueva etapa de vida “sin odios y sin rencores”, con el fin de “reconstruir el tejido social e institucional”, y reconoció que haber ganado ampliamente “no nos otorga privilegios, sino el lugar de mayor responsabilidad”.

La presidenta electa argentina parece ser una persona sensata, pues reconoce que a pesar de que ganó la elección presidencial por unos 22 puntos encima de su más inmediata perseguidora, esto se debió sobre todo a la división de la oposición y el hecho político real es que el 55 por ciento de los electores votó contra ella, o apoyó otras opciones electorales, según como se quiera ver el asunto.

El “kirchnerismo” que impulsan Cristina Fernández y su esposo es una forma actualizada del “peronismo”, o sea el movimiento de masas argentino que fue creado alrededor de la figura de Juan Domingo Perón, el caudillo populista argentino que en cuanto asumió el poder en 1946 hizo todo lo posible para asegurar su continuidad.

La bonanza económica que favoreció a Argentina a finales de los años cuarenta, en el período inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial —debido al ruinoso estado de las economías de los países europeos que participaron en la guerra—, puso en manos de Perón suficientes recursos para aplicar una política de bienestar social que manipuló a su antojo. Su esposa, Eva Perón, manejaba una fundación de asistencia social financiada mayoritariamente con fondos del Estado. Pero aquella prosperidad mermó cuando Estados Unidos implementó el Plan Marshall para la recuperación económica de Europa. Y a partir de 1950, la situación económica argentina que comenzó a empeorar y los ataques de Perón contra la Iglesia católica, pronto inclinaron la balanza contra su gobierno hasta que fue derrocado por un golpe de Estado en 1955 que lo llevó al exilio por 17 años.

El kirchnerismo es un peronismo “modernizado”, que se asemeja en buena medida al chavismo venezolano, sobre todo en lo relativo al populismo, el rechazo del neoliberalismo y de los tratados de libre comercio con EE.UU. y una fuerte tendencia al continuismo, aunque sin la estridencia agresiva de Hugo Chávez y de sus congéneres o seguidores Evo Morales de Bolivia, Rafael Correa de Ecuador y Daniel Ortega de Nicaragua.

Ahora se espera que la señora Kirchner dé continuidad a la política económica y social de su esposo. Internamente, su mayor desafío será conseguir el diálogo social que propuso como candidata y gobernar armoniosamente con sus aliados, en vez de excluirlos paulatinamente, como hizo el peronismo en el pasado y como han hecho otros gobiernos de coalición en América Latina. Externamente, su reto será conseguir una alianza estratégica con Brasil en vez de competir con él y mantener la armoniosa relación con Venezuela sin alejarse de EE.UU., México y Europa.

Una incógnita es la relación que la Presidenta tendrá con la prensa argentina. Su esposo, Néstor Kirchner, fue hostil con los medios de comunicación y por su declarado desprecio a los periódicos y los periodistas, durante todo su mandato presidencial no concedió ni una conferencia de prensa.

La señora Kirchner, como senadora y candidata presidencial al menos se dignó dar dos conferencias de prensa, aunque puso como condición que fuesen en la Casa Rosada o Presidencial.

Tal vez eso sea un anticipo de que la presidencia de Cristina Kirchner se abrirá al menos un poco a los medios y será más transparente con el público que su esposo y predecesor en el cargo.

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