El presidente Daniel Ortega, pidió este martes al Parlamento que apruebe con carácter de urgencia 2,8 millones de dólares para reparar parte de los 3.000 kilómetros de caminos que fueron destruidos por el huracán Félix y las intensas lluvias en los últimos dos meses en el país.
Ortega formuló el pedido ante el plenario de la Asamblea Nacional, adonde llegó con su gabinete de gobierno y autoridades de Defensa Civil a plantear a los diputados la necesidad de dar respuesta inmediata a los daños causados por las lluvias en las carreteras internas y de tránsito internacional.
El gobierno formalizó su demanda a través de un proyecto de reforma al presupuesto del 2007, al tiempo que pidió congelar para el 2008 el pago de 48 millones de dólares, de un total de 220 millones que el Estado debe desembolsar para saldar una cuestionada deuda interna adquirida con la banca privada y otras entidades.
MINISTRO DE TRANAPORTE PRESENTA RADIGRAFÍA DE DAÑOS
Durante la comparecencia al Parlamento, el ministro de Transporte, Fernando Martínez presentó a los diputados una radiografía de los daños viales, acompañado de fotografías que muestran numerosos puentes caídos, carreteras socavadas por las lluvias y sistemas de drenaje colapsados en todo el país.
Martínez señaló que la reparación de los caminos es crucial para garantizar la salida de las cosechas de diciembre, superar el aislamiento en la que quedaron muchas comunidades campesinas por las lluvias, y superar la epidemia de leptospirosis que brotó el pasado 20 de octubre al noroeste del país.
Indicó que una de las prioridades del gobierno es restaurar cuanto antes la carretera que une al puesto fronterizo El Guasaule, de acceso a Honduras, con el departamento nicaragüense de Chinandega, una de las regiones más golpeadas por las inundaciones que dejaron las lluvias la segunda quincena de octubre, dijo el ministro.
Nicaragua fue azotada en septiembre por el huracán Félix, que destruyó más de 350 comunidades del Caribe norte, seguido en octubre por copiosas lluvias en el Pacífico que anegaron numerosos poblados, causando daños económicos estimados en cerca de 400 millones de dólares.