David Ortiz pasó casi toda la temporada con una rodilla que nunca le dio tregua con el dolor y se tuvo que aguantar que dudasen de sus habilidades como primera base en la Serie Mundial.
Con su segundo campeonato en cuatro años, el estelar artillero dominicano de los Medias Rojas de Boston tiene el derecho de gritar “misión cumplida”.
“El sacrificio vale la pena”, dijo Ortiz bañado copiosamente de la champaña tras la conquista de la séptima corona de la serie.
Ortiz es uno de la media docena de jugadores que también estuvo en la celebración del 2004, cuando Boston acabó una prolongada sequía sin títulos que se remontaba a 1918.
“Aquí tenían como 86 años esperando por uno cuando llegué. Ahora se habla de cuántos más vamos a ganar”.
El anillo del 2007 tiene un significado especial para el “Big Papi”. Tuvo que jugar con un desgarro parcial del menisco de su rodilla derecha, lesión que requirió de una inyección de cortisona el último fin de semana.