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Austria antes de 1866 y Nicaragua de hoy
Cornelio Hopmann
El autor es educador.
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El 6 de diciembre de 1774 la emperatriz María Teresa de Habsburgo firma el decreto por medio del cual se introduce la educación pública, obligatoria y gratuita de seis años para todos los varones en los territorios considerados alemanes de los Habsburgos. De cierta forma la derrota definitiva del 1763 en las guerras silesias con Prusia la había motivado a este paso, pues Prusia había dado pasos similares ya en 1717, contando por tanto entre otros con un ejército de mejor calidad. Aunque se introduce la educación pública y se regulan currículo, textos escolares y la formación de maestros, la implementación real en el campo aún queda en manos de los terratenientes locales. Es hasta después de una segunda derrota completa en una guerra con Prusia, 1866, que toda la educación pasa bajo control directo por las autoridades centrales, pues los estrategas militares austriacos habían llegado a la conclusión que se perdió la batalla decisiva de Königrätz por la gran cantidad de analfabetas en el ejército austriaco. De nuevo Austria le sigue a Prusia, extendiendo la educación obligatoria a ocho años y dotando la administración educativa con especialistas en currículo y pedagogía. Se da un fuerte incremento salarial a los maestros. Adicionalmente se crean para los últimos dos años sistemáticamente escuelas en artes y oficios, para elevar así la calidad de la mano de obra. Cabe señalar que Prusia implementó la educación pública y reformas similares, entre otros, sacando conclusiones del colapso económico en 1713 y de la derrota total en la guerra contra Napoleón en Jena y Auerstedt en 1806.

Como anotó en una reciente conversación mi hermano Stefan, catedrático en Pedagogía Comparativa de la Universidad de Viena, ambos países, al verse derrotados en el suelo, tomaron la decisión sabia de invertir en el único recurso aún disponible, sus hombres —las mujeres tardaron bastante en ser tomadas en cuenta— añadiendo que estas decisiones han tenido consecuencias a muy largo plazo.

La evidencia histórica de la relación entre educación y pobreza es abrumante y no sólo en los casos de Austria y Prusia. Un país sigue pobre cuando tiene una educación miserable y no al revés. Ahora mal, la calidad y cobertura real del sistema público de educación de Nicaragua llegan apenas a la calidad y cobertura del sistema de educación pública austriaca antes de 1866. Las diferencias en desarrollo económico y bienestar entre los países de Centroamérica corresponden directamente al esfuerzo hecho en la educación pública en las últimas seis décadas. De todos los países, Nicaragua ha sido siempre la más golpeada, sin embargo me consta que ninguno de los gobernantes de 1984 para acá, ni tampoco ninguna Asamblea Nacional ha tenido ni siquiera la sabiduría de la emperatriz María Teresa y sus militares. Y de dar pasos enérgicos como Austria en 1866, ni hablar. Nadie le ha dado a la educación pública la prioridad debida y en consecuencia tampoco los recursos necesarios. Como muestra el presupuesto propuesto para el 2008, no habrá cambio, quedando la única conclusión de que los toma decisiones prefieren a una Nicaragua pobre y siempre abajo, a pesar de toda su retórica patriótica. Las generaciones futuras los recordarán para siempre como traidores a la Patria.

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