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Nicaragua y Malthus
Edmundo Dávila y Castellón
El autor es ingeniero civil.
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La tierra consume a los que no puede alimentar.

Malthus

Es muy conocida la controversial teoría del religioso y economista inglés, Thomas Robert Malthus (1766-1834), que expresa la relación existente entre los recursos alimentarios del mundo, que crecen en progresión aritmética (1, 2, 4, 6, 8, 10… etc. ) y la población del planeta Tierra, que se realiza en progresión geométrica (1, 2, 4, 8, 16, 32, … etc.).

En virtud de esta famosa y alarmante teoría presentada por su autor en 1798, con el transcurso de los años los recursos naturales tenderían a ser muy escasos e insuficientes, porque la población crece vertiginosamente hasta el punto, entendemos, en que millones de seres humanos padecerían hambre, miseria y hasta muerte por inanición.

Por ello Malthus pensaba que la guerra, las pestes, el hambre y la acción destructiva que ejercen la miseria y los vicios eran medidas que la naturaleza tomaba para que la población no llegara a exceder los límites que definen los medios de subsistencia terrenal.

Las miles de guerras que históricamente han habido en el mundo (baste mencionar la Primera y Segunda Guerra Mundial), los terremotos, inundaciones, pandemias, calamidades de diversa índole, que han diezmado por siglos a la humanidad, parecieran darle a Malthus la razón.

Asimismo el científico inglés, como medidas preventivas al exceso poblacional, recomendaba el casamiento tardío, una estricta continencia, etc., para control de la natalidad y retardar en lo posible el colapso famélico de la humanidad.

Si analizamos el caso de Nicaragua, veremos que el crecimiento demográfico anual es el más alto de América Latina y quizá del mundo: el 2.70 por ciento. Tomamos este índice como el real, descartando el 1.7 por ciento que se obtuvo en el último censo efectuado en el país hace un par de años, el cual arrojó varios resultados que a simple vista eran incongruentes, no confiables y completamente desfasados, comparados con datos obtenidos del censo anterior. Debería afinarse en forma más seria y responsable este índice esencial, que resulta fundamental para estudios económicos y sociales del país.

La población de Nicaragua aumenta en unos 140,000 habitantes por año y se duplica cada 25 años. Como ejemplo, en el año 2032, a partir del corriente, Nicaragua tendrá una población aproximada de 10.51 millones de habitantes, aproximadamente el doble de la actual.

Cualquier crecimiento económico proyectado para el país, aunque para propósitos macroeconómicos, necesita ser del seis por ciento sostenido anual como mínimo. Es completamente inútil e inadmisible hablar por ejemplo de crecimientos menores del cuatro por ciento, porque se necesitarían 40 años para que el PIB per cápita resultara de 3.89 dólares por día, cercano al umbral de los cuatro dólares, que fija el Banco Mundial para salir de la pobreza. Con un seis por ciento sostenido de crecimiento económico anual, este PIB per cápita se lograría teóricamente en 16 años, apenas en un 40 por ciento del tiempo anterior, aunque es dudoso, para no decir imposible, que el país pueda lograrlo.

Tal vez para el resto del mundo las teorías conminatorias y cuestionadas de Robert Malthus no puedan aplicarse en un ciento por ciento, ya que hay otros factores que consideran los modernos maltusianos: éticos, culturales, ambientales, etc.

Empero, para nuestro paupérrimo y conflictivo país, con la tasa de natalidad más alta de América Latina, los malos gobiernos, la corrupción y el espantoso y permanente desorden que priva en todos los ámbitos, Malthus debería ser la figura relevante a considerar en toda proyección de crecimiento, desarrollo y tendencias económicas, alimentarias y poblacionales, pues al decrecer gradualmente las subsistencias con respecto a la población en el transcurso del tiempo, es obvio que desaparecerían por completo los otros factores del nivel de vida del ciudadano, como el vestuario, la vivienda, la salud, la educación y ni hablar de la recreación.

Nicaragua desafortunadamente es algo especial, “sui géneris” en todo lo negativo que pueda imaginarse y carece de ingentes trastornos y desequilibrios estructurales en diversos campos de la actividad humana.

Para captar todo lo positivo en política, economía, sociología, cultura, etc., debemos por lo tanto, tomar un enorme factor de seguridad y aceptar de antemano que toda teoría pesimista mundial, como la de Malthus, será aplicable sin ninguna duda a Nicaragua, aunque no lo sea para el resto del mundo.

Solamente así podremos avizorar en el horizonte el progreso o la involución futura de nuestro país. De otra manera, ni pueblo ni gobierno estaremos nunca conscientes de nuestros problemas y de los verdaderos obstáculos que presentamos al desarrollo.

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