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Elecciones en el mundo mágico
Porfirio Cristaldo Ayala
El autor es corresponsal de AIPE y presidente del Foro Libertario.
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Asunción (AIPE)— Un caudillo paraguayo aseguraba que la gente elegiría al Pato Donald como Presidente si fuera candidato de su partido. No bromeaba. El presidente Nicanor Duarte Frutos, al igual que otros, prueba la verdad de tal afirmación. Nicanor está dispuesto a violar la Constitución y las leyes, hacer cualquier cosa para presentarse a las elecciones, si no para presidente, al menos para primer senador, sin renunciar a la presidencia. Y eso no es lo peor. Lo peor es que la gente lo va elegir. En realidad, poco importa que el Pato Donald presente su candidatura, lo que preocupa es que la gente vote por él.

Paraguay es un caso extremo, quizás, aunque indicativo de lo que ocurre en las elecciones presidenciales en América Latina. Los candidatos que participan en elecciones desde el poder, no importa cuan incapaces han demostrado ser, tienen enormes ventajas sobre los candidatos que no ocupan cargos públicos y no disponen de la maquinaria estatal, los fondos y la numerosa clientela política empotrada en la administración pública, que significan millones de votos cautivos.

La corrupción política perpetúa la pobreza de los pueblos, condenándolos a caer en las garras del populismo. En cada elección, los populistas prometen crear cientos de miles de empleos. Nunca lo hacen, pero la gente sigue votando por ellos. La pobreza origina un círculo vicioso donde la gente vota por los malos políticos y malos los políticos se aseguran que la pobreza continúe, aplicando sus perversas políticas empobrecedoras.

La compra directa de votos, a veces por menos de 10 dólares cada uno, no es lo peor de la corrupción política. Esta se relaciona a menudo con la compra de apoyo electoral a cambio de futuros aumentos salariales, cargos públicos, subsidios, franquicias, protecciones, adjudicaciones de compras y contratos del Estado. Los populistas utilizan el Estado como botín para mantenerse en el poder, en detrimento de los pueblos.

Por eso la democracia latinoamericana ha sido un fracaso, una quimera. En los países pobres la democracia es tan real como un cuento de hadas. El populismo, la ignorancia y el estatismo impiden a las instituciones democráticas promover el desarrollo y progreso social. La pobreza no es una casualidad ni una coincidencia. Los países que no gozan de una democracia real son todos estatistas y carecen de libertades económicas, sin las cuales progresar es casi imposible.

La relación que existe entre la libertad económica y el progreso, así como entre el estatismo o restricción a las libertades y el atraso, está bien establecida en la teoría del desarrollo. El Índice de Libertad Económica Mundial demuestra claramente que los países de mayor libertad económica son los que más progresan y mejor calidad de vida dan a sus pueblos. En cambio, los países estatistas, con menor libertad de producir, son los más atrasados y pobres. No hay excepción a esta regla.

Para salir de la indigencia es preciso contar con amplias libertades de producir, sólidos derechos de propiedad, mercados abiertos, libre comercio, bajos impuestos, seguridad jurídica, reglas claras y estables. Los populistas, por el contrario, utilizan todos los medios a su alcance para restringir estas libertades porque saben que conducen a la democracia real. Los pueblos que progresan mediante la liberalización y apertura de la economía pronto forman una clase media que demanda participar en el gobierno, es decir, reclaman una democracia genuina en lugar de la farsa populista.

La democracia y el progreso son hijas de la libertad económica. Los países que privatizan, abren y desregulan sus economías, en poco tiempo mejoran su educación, salud, seguridad pública y sistema judicial. Al acabar el estatismo terminan los jueces venales e incapaces, la justicia dependiente del capricho de los gobernantes y la corrupción generalizada en el Gobierno. En cambio, los países que no instrumentan las reformas se quedan atrás, con una democracia irreal y candidatos sacados del mundo mágico de Disney.

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