Las fronteras de Nicaragua con Honduras en el Golfo de Fonseca fueron convenidas unánimemente desde 1904, según dictamen de la comisión mixta presidida por el ingeniero Emilio Mueller, nombrada aquella, cuatro años antes, conforme el Tratado Gámez Bonilla de 1894. Por lo tanto, Nicaragua no tiene condominio en la referida bahía histórica, ni con ninguno otro. En ese campo, lo único pendiente entre Nicaragua y la Patria de Morazán es colocar señales en la línea divisoria en el golfo, partiendo de Amatillo y dirigiéndose al SO, hasta llegar al punto medio de una línea recta virtual, que va del punto más meridional de la isla del Tigre al extremo más septentrional de la península de Cosigüina. A Nicaragua le corresponde entonces la porción sur de la bahía, donde las aguas menos turbias que bañan las costas de la Península favorecen el desove preferente de las larvas de camarones. Esta predilección explica la presencia en ese sitio de los pescadores furtivos, pues las hembras del codiciado crustáceo rechazan desovar en las aguas cenagosas de las costas hondureñas y salvadoreñas, produciéndose gran depredación y grandes pérdidas a nuestro país. Por esa misma razón buena parte del tiempo ocupa nuestra Cancillería, capturando y luego liberando, dispensando multas y devolviendo sus avíos de pesca a los saqueadores.
Es explicable por todo ello que ahora el presidente Saca proponga que sus pescadores ilegales compartan gratuita y pacíficamente nuestro rico tesoro en la bahía histórica, apoyándose en poderosas empresas de militares de su país.
Para evitar esos abusos repetidos, que provocan encuentros armados, como los habidos en los años ochenta y después fue que en 1988, los Cancilleres de Honduras y Nicaragua nos propusimos colocar sólidas señales en forma de boyas, que provistas de faros fotosolares alumbrasen de noche los límites convenidos y evitasen pretextos de “confusiones” a los depredadores de larvas de camarón ajenos. Para resolver este conflicto fue valiosa la donación del Gobierno de la República China Taiwán para contribuir a la pacificación de esa zona, entregando quinientos mil dólares para pagar las boyas modernas alimentadas automáticamente por energía solar. El dinero donado por Taiwán fue depositado en los bancos centrales respectivos, donde ojalá permanezca intacto. Para comenzar el señalamiento adquirimos una elegante, alta y moderna boya destinada a servir de punto de partida y de guía a las demás, que seguirían cada veinticinco metros. El arquitecto y Canciller hondureño Fernando Martínez y el suscrito, acompañados de funcionarios taiwaneses y un equipo humano e instrumental, colocamos la boya Maestra, el 15 de junio de 1998. Al mismo tiempo se ordenaron estudios oceanográficos sobre calidades y direcciones de las corrientes en el referido golfo. Desafortunadamente la tarea no fue proseguida por los gobiernos posteriores y actos vandálicos de los perjudicados por el ordenamiento maltrataron la boya inicial.
Por lo demás, Nicaragua fue siempre benevolente con los hondureños, pues nunca utilizó sus victorias militares para obtener territorio. En 1894 las tropas nicaragüenses izaron nuestra Bandera en el Palacio de Tegucigalpa, poniendo de Presidente a Policarpo Bonilla, amigo del general Zelaya. De nuevo en 1907, el Ejército nica impuso como gobernante a Manuel R. Dávila. De nuevo, no tratamos al terreno disputado como trofeo de guerra. Al contrario, el general Zelaya ordenó cumplir los acuerdos de la Comisión mixta, que fijó unánimemente el límite, que va del portillo de Teotecacinte al Pacífico, sometiendo el resto a arbitraje. Por último, en 1990, el juicio que ganamos a Honduras en La Haya, acompañado de una suma considerable, la renunciamos, a pesar de esta generosidad nicaragüense, el gobierno hondureño, contrariando su promesa, mandó a la Asamblea Nacional a ratificar alevosamente el ominoso Tratado Ramírez López, arrebatándole a Nicaragua su patrimonio del Caribe.