La Biblia es el ayer puesto en el hoy. Páginas las suyas, reflexivas para siempre. Vino y carne en la lejanía. Dentro de la memoria está el sueño del faraón egipcio a la orilla del Nilo. “Vio salir siete vacas hermosas y muy gordas que se pusieron a pastar entre los juncos, pero detrás de ellas otras siete vacas feas y flacas que se comieron a las siete hermosas”.
Lo que repercute todavía, mucho más que el mensaje de la fantasía, es la interpretación que a ella dieron los sabios del harto pasado. Se convirtió en un símbolo del odio entre Israel y Egipto y sirvió de lámina para considerar la necesidad de tener con disciplina estable una reserva almacenada para hacerle frente a la escasez.
El libro de los libros me pone con la sabiduría de sus alas, en Nicaragua. Sugiere preguntar: ¿Cuánto tiempo tiene la Patria de estar vacía. Cuánto de no poder responder al reto de las emergencias? Cada vez que aparecen —han sido tantas— la encuentran desnuda e indefensa.
Frente a las sequías reincidentes, el porte frágil de la tierra, su manufactura sísmica, las visitas de tipos endemoniados como Félix, los terremotos de toda índole, físicos y políticos, la conducción errada de sus gobernantes, las crisis económicas y morales y otras muchas derivaciones de la fatalidad, cimentada por la conducta de sus propios hijos, incontables son las vacas flacas —reales y no soñadas— que han pasado por nuestros ojos. Más de siete.
Se siente lejana la recompensa, la indemnización de la naturaleza, la puesta en escena de los valores renovados, principalmente de quienes han asumido la delicada responsabilidad de gobernar, lo cual sitúa distante el desfile redondo y refrescante de las vacas gordas, eximidas del peligro de ser el pasto ideal de la miseria desesperada.
Egipto la disfrutó a tiempo. No por ser hermosas se las comieron. Por tener esa característica la previsión las inundó de vida multiplicada a través de la reproducción superada y envolvente. A tiempo detuvo el desenfreno y la soberbia con una figura humilde e innominada: José. En el caso nicaragüense la modestia ocupa un espacio limitado principalmente en el sitio privilegiado donde convergen los poderes y hasta se dice que no son la excepción ciertos vigilantes de puertas, mareados por tener el privilegio de abrirlas y cerrarlas.
Egipto no esperaba la reconsideración de su destino, lograda con la espontaneidad de lo que cae por su peso, sin la inducción de la violencia. Egipto fue una circunstancia pero el mensaje bíblico alude a los gobernantes de la tierra, expuestos a caer en el “yerro” de la corrupción, empujados por los manantiales otorgados por el poder. Las siete vacas flacas desfilan con reiteración en nuestro Nilo. ¿Cuándo vendrán las gordas?
Qué hizo la reflexión luego de la interpretación del sueño: “Recoger los víveres de los siete años viejos y almacenar el grano para tener reservas y evitar la muerte por la vía dolorosa y prolongada del hambre”.
Relaciono el pasaje del antiguo testamento porque tenemos ratos de ver cómo las siete vacas flacas se siguen comiendo a las gordas, sin piedad alguna, sin parar mientes en el destino de las mayorías en nombre de quienes se habla “pero del diente al labio”.
Dios envió a la tierra la trama del sueño faraónico para avisar con anticipación los horrores evitables con la recapacitación oportuna, la exclusión del vendaje y la inmersión en la filosofía. Insisto: “¿Cuándo las gordas ?”