La ex primera ministra Benazir Bhutto permanecerá en Pakistán para liderar su partido en las elecciones legislativas de enero del 2008, pese al atentado perpetrado en su contra que dejó al menos 138 muertos y más de 300 heridos el jueves en Karachi (Sur).
A pesar de las amenazas de muerte contra Bhutto, proferidas antes del ataque por combatientes islamistas cercanos a Al Qaeda y los talibanes, la ex primera ministra acusó ayer a ex funcionarios del régimen militar del general Zia ul-Haq (1977-1988) de haber urdido el atentado suicida.
El ex primer ministro Zulfiqar Ali Bhutto, padre de Benazir, fue derrocado hace 30 años por el general Zia, que lo ejecutó dos años más tarde, en 1979.
Pero los investigadores parecen privilegiar la hipótesis de los islamistas.
“Vivimos una batalla por la democracia, este ataque no tenía como blanco a mi persona, sino a lo que represento. Fue un ataque contra la democracia”, afirmó Bhutto.
El último balance de víctimas da cuenta de 138 muertos, dijo a la AFP el general Javed Cheema, portavoz del Ministerio del Interior, quien habló también de “más de 300 heridos”.
El atentado se produjo poco antes de la medianoche del jueves, durante una marcha organizada para dar la bienvenida a Bhutto, a la que acudieron al menos unos 250,000 simpatizantes y que debía culminar en el mausoleo del fundador de Pakistán, Muhamad Ali Jinnah.
Una granada y una bomba trasladada por un kamikaze explotaron unos metros antes del camión blindado en el que desfilaba desde hacía nueve horas la ex primera ministra, que salió ilesa del ataque.
Bhutto acababa de dejar la parte posterior del camión, donde se hallaba al descubierto, para descansar dentro del vehículo blindado. Inmediatamente fue sacada del camión en estado de shock.