La Unión Europea (UE) cerró el viernes en Lisboa una cumbre que será recordada por la adopción de un tratado que acaba con dos años de crisis institucional y permite agilizar la toma de decisiones tras la ampliación a veintisiete miembros.
Lisboa dará nombre al nuevo tratado que será firmado el 13 de diciembre en la capital portuguesa, cuyo nombre quedará para siempre asociado a la construcción europea, como antes le ocurrió a Niza, Maastricht o Roma.
“Es una victoria de Europa”, exclamó exultante el primer ministro portugués, José Sócrates al anunciar el consenso en torno a un texto que certifica la defunción del ambicioso proyecto de Constitución europea.
Tras la firma del Tratado de Lisboa, los 27 tendrán un año para ratificarlo, un asunto que despierta las peores pesadillas sobre todo cuando se invoca el término “referéndum”, tras lo ocurrido en 2005 en Francia y Holanda con la Constitución.
El “no” de un solo miembro significaría el final del texto, razón por la que los juristas se han esmerado en prepararlo de modo que pueda sortear la ciudadanía y los parlamentos.
NUEVO CARGO
La política exterior de la UE tendrá una dirección única a partir de 2009, según el nuevo proyecto. El texto crea el nuevo cargo de Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y la Política de Seguridad, que será al mismo tiempo vicepresidente de la Comisión Europea y tendrá a sus órdenes un servicio europeo de acción exterior. Se da por descontado que el cargo recaerá en el español Javier Solana.
MÁS PODERES PARA PARLAMENTO EUROPEO
El Parlamento Europeo, la única asamblea supranacional elegida por sufragio directo, ha vuelto a ganar importantes poderes con la reforma finalmente acordada por los líderes de la UE.
En torno a la Eurocámara giró además una de las negociaciones decisivas para el acuerdo final.
Italia cuestionaba el nuevo reparto de escaños propuesto por el propio Parlamento para la legislatura que comenzará en 2009, porque le hacía perder la paridad con Francia y el Reino Unido.
La propuesta “Lamassoure/Severin”, conocida por el nombre de los dos ponentes que la han elaborado, beneficia especialmente a España, que pasa de tener 50 escaños bajo el Tratado de Niza a 54 eurodiputados.
Italia exigía la vuelta a la paridad tradicional y la toma en consideración en el futuro de un criterio de reparto basado no en la población residente como hasta ahora, sino en los ciudadanos, es decir, en las personas con derecho efectivo de voto.
En palabras de Enrique Barón, socialista español, uno de los tres representantes del PE en las negociaciones, “el Parlamento es ganador en el sentido de que hay más democracia”.
“Pasamos de 36 a 86 materias en las que habrá codecisión (con los gobiernos), reforzamos nuestra capacidad de investidura del presidente de la Comisión y, además, hemos ayudado activamente a salir de la crisis; es la primera vez que hemos estado el presidente y tres parlamentarios en la sala”, ha dicho Barón.
Aunque sólo Irlanda está obligada por su Constitución a convocar un plebiscito, la opinión pública de países como Gran Bretaña, Francia, Alemania Italia y España quieren que el texto sea sometido a voto popular, según revela una encuesta del Financial Times.
El 70 por ciento de los encuestados dice que quieren votar el nuevo tratado.