Pocas veces he tenido éxito en los juegos relacionados con cartas. Incluso, tras innumerables derrotas pude entender que no siempre se puede confiar en la suerte para sumar triunfos. Es mejor conocer al rival, anticipar sus movimientos y saber atacar en el momento adecuado. Sin embargo, reconozco cuando tengo en mis manos un juego ganador. Algo como lo que ofrece Apple y sus nuevos iPod.
En esta jugada, la mejor opción es la versión Touch. Para los que viven fuera de Estados Unidos es lo más parecido que tendrán a un iPhone. Funciona con la misma tecnología táctil y dispone de un solo botón para ingresar al menú. El resto se activa con sólo pasar un dedo por la pantalla. Cuando lo tiene en la mano, uno recién se percata de lo delgado que es. Sólo 9 mm de grosor. Tiene acceso WiFi y sus capacidades son de 8 GB y 16 GB. Cuesta US$299 y US$399.
Luego está Nano, el modelo que más cambios trae respecto a su antecesor. Destacan las mejoras en tamaño y resolución de la pantalla. Además, tiene mayor capacidad de almacenamiento, soporte para vídeo y dispone de la interfase cover flow o visualizador de carátulas de álbum. Pero ojo. Esta herramienta pierde su efectividad cuando no dispone de acceso a la tienda iTunes, todo un inconveniente cuando se vive en América Latina. Es más ancho (52.3 mm) y más pequeño (69.8 mm) que su versión anterior, pero su grosor permanece en 6.5 mm. Hay de 4 GB y 8 GB por US$149 y US$199, respectivamente.
Otra opción es Classic, nuevo nombre para el iPod estándar. Su atractivo radica en los avances sobre duración de batería y almacenamiento, que lo transforman en un gran aliado para viajes largos. A esto sume algunos juegos que le pueden entregar un rato de entretención. Hay versiones de 80 GB y 160 GB. Disponible por US$249 y US$349.
Para completar la mano ganadora aparece Shuffle. Como si fuera una carta intrascendente, sus cambios se resumen en dos palabras: diferentes colores. Tiene 1 GB y cuesta US$79.
Con estas cuatro cartas hasta me puedo sentar tranquilo a cualquier mesa. Y no necesito “blufear” o colocar cara de póquer. Es una de las mejores opciones que un crupier puede repartir.
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