Cuando llueve en Managua, sus habitantes se preocupan por la facilidad con que se inundan las calles. Estar bajo techo es un alivio, pero las escorrentías de aguas color café que avanzan hacia el norte son premonitorias de un desastre más grande que el de 1876, y potencialmente más dañino que el terremoto de 1972.
Se trata de los aluviones o deslizamientos de tierra. Si la cordillera de El Crucero conocida como La Cuchilla, en el sur de Managua, se desploma, caerá sobre la capital con más violencia que la del volcán Casita sobre Posoltega en 1998.
Serían miles de toneladas de tierra cayendo a gran velocidad sobre una población de 1.3 millones de habitantes, sin darles tiempo de actuar.
El Alcalde de Managua, Dionisio Marenco, lo explica de forma sencilla: al norte Managua está asentada junto al lago Xolotlán que tiene una altura de 32 metros sobre el nivel del mar. Al sur, El Crucero se eleva a casi mil metros sobre el nivel del mar. La distancia entre ambos puntos es de sólo 22 kilómetros. “Es una pendiente enorme, agarra una gran velocidad”.
El problema no sería tan grave, de no ser por el crecimiento desordenado de la ciudad. Especialmente en el sur y el este. El despale y el crecimiento urbano ha sido tan irracional, que según el alcalde, cuando la tierra se satura, las gotas de agua caen en Managua como si lo hicieran sobre vidrio, es decir, que no se filtran, sino que toman el rumbo de la pendiente.
Los registros de la Defensa Civil de Managua indican que antes las escorrentías atravesaban la ciudad a una velocidad de 30 kilómetros por hora. Ahora lo hacen a 50 kilómetros por hora.
El teniente coronel Samuel Pérez, jefe de la Defensa Civil de Managua, le da la razón a Marenco, ya que la construcción de urbanizaciones, carreteras y caminos son los que provocan que la velocidad de la caída de agua se incremente.
Pero eso acarrea otro problema, y es que la cantidad de agua que corre hacia el lago se incrementa. “Los volúmenes son dos o tres veces superiores, porque antes los bosques absorbían el agua de las lluvias, ahora viaja a velocidad exorbitante, y toda el agua de El Crucero, Nindirí, Esquipulas, Ticuantepe, le cae a Managua”, comenta Pérez.
Hace diez años la capital se inundaba con una hora de lluvia, ahora bastan 15 minutos para que las instituciones de rescate se pongan en alerta.
Marenco prefiere no pensar que la amenaza de un deslizamiento de tierra sobre Managua no se encuentra en el corto plazo, pero tampoco se extrañará si ocurre antes de 15 años, siempre que la ciudad siga desarrollándose en anarquía.
“Si el agua (sobre las calles) trae mucha tierra, la trae de alguna parte. En el momento que comience a arrastrar arcilla, ya es cercano al aluvión”, opina el alcalde.
El caso es que en algunas de las principales vías de la capital, como las pistas Juan Pablo II y Suburbana, y hasta en los barrios ubicados cerca de la Carretera a Masaya, ya se puede observar tierra en el agua pluvial.
Según Marenco, “la amenaza es latente, porque agua la tenés ya (las inundaciones), la tierra de Managua es aluvional, en una de esas (lluvias) te arranca la capa de encima y puede ser que la siguiente capa sea arena, que es floja, y ahí vienen los aluviones”.
Un deslizamiento de tierra sólo pueden detenerlo los árboles, micropresas, algún retén artificial, carreteras y las casas de la población.
El temor de las autoridades municipales y estatales es que estas últimas sean las que detengan el deslave, ya que la ciudad no tiene ninguna obra de protección ante este tipo de amenaza.
EL PELIGRO DEL AEROPUERTO
La Defensa Civil tiene un plan de acción ante este desastre. Ya previó que los puntos más propensos a aluviones son el cerro Los Martínez, la Cuesta El Plomo, Lomas de San Judas, cerro Motastepe, las urbanizaciones cercanas a Intermezzo del Bosque, los bordes de los cauces no revestidos y el Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino.
El caso del aeropuerto es serio. Desde la pista parece improbable que la montaña que se observa a más de 20 kilómetros de distancia en dirección sur, pueda desmoronarse y llegar hasta el lugar. No obstante, es uno de los sitios más amenazados.
El alcalde explica que eso se debe a que el aeropuerto se encuentra en la subcuenca sur del Xolotlán, la más grande que atraviesa Managua, y el aeropuerto está prácticamente instalado entre los dos grandes cauces que acarrean el agua que cae de Managua, Nindirí, Ticuantepe y La Concepción, cuatro municipios con sus respectivas comarcas.
“Es la parte más urgente de reparar, porque si no, el primer aluvión va a ser ahí, y se va a pasar llevando el aeropuerto”, advierte Marenco. De hecho, la fuerza del agua de uno de los cauces rompió una tubería, y tiene debilitado el puente de la Fuerza Aérea sobre la Carretera Norte.
Al preguntarle al alcalde si está hablando de un deslave como el del volcán Casita, multiplicado por mil, responde sin titubear: “Sí, sí, el Casita es un ejemplo más claro, sería como que una gran masa viniera, las casas actuarían como una represa, un gran daño”.
En 1998 murieron al menos dos mil personas víctimas de un deslizamiento en el Casita, tras ocho días de fuertes lluvias provocadas por el huracán Mitch.
El alcalde piensa que sólo dos cosas pueden salvar a Managua de esa catástrofe: la reforestación al sur de la ciudad, y realizar obras de mitigación.
Tanto la Alcaldía de Managua como el Instituto Nacional Forestal iniciaron este año un plan de reforestación de la cuenca sur del lago.
Pero lo más difícil podría estar en las obras de mitigación, ya que aún teniendo el dinero disponible, sería un proceso lento, que involucra transformar toda la ciudad.