Todo ha sido tan poético, tan emocionante, tan perfecto, que resulta imposible de explicar. Los Rockies siguen ganando y da la impresión que no existe forma de detenerlos. No importa quién lo intente. No tendrá éxito.
Ahora, ¿cómo lo han hecho? “Seré honesto. No nos hemos sentado a pensar cómo lo hemos hecho. Sólo lo estamos disfrutando”, dijo el sensacional novato Troy Tulowitzki a los reporteros el lunes, tras haber acabado con los Diamonbacks.
¿Qué tiene ese conjunto de especial que ha acabado con lo que se le pone enfrente? ¿Quién imaginó semejante repunte de llegar a ganar 20 de 21 partidos y capturar el boleto hacia la Serie Mundial?
Ahora es fácil ver lo inspirado que están. Pero al inicio de la temporada nadie daba un cacahuate por ellos. En mayo estaba con 18-27. Llegaron a septiembre con seis juegos detrás del wild card y estaban a 4.5 juegos con nueve pendientes.
Es más, cuando al calendario de juegos sólo le quedaban dos partidos por jugar, ellos estaban dos desafíos atrás respecto a San Diego. Pero a esas alturas ya tenían el voltaje arriba.
Para entonces, Matt Holliday era el más temido de sus bateadores, y ya se sabía quiénes eran Brian Hawpe, Garret Atkins, Tulowitzki y el veterano Todd Helton.
Pero ahora sabemos que Ubaldo Jiménez tiene una bola rápida de 100 millas, que Franklin Morales lanza más allá de su edad y que a Jeff Francis no le quede grande el calificativo de estelar del staff de pitcheo.
Sobre todo, hemos descubierto a un gran equipo. Y esa es la explicación. Han ganado porque son equipo. Cierto, Holliday es el factor que los articula, pero todas las áreas jalan en el mismo sentido y lucha por un mismo objetivo.
Este es el mejor equipo que Colorado ha tenido en su historia, independiente de lo que pase. Antes ninguna otra tropa había hecho algo igual en beisbol. Buen equipo es el que gana, lo demás es cuento.