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El mundo ha cambiado, Ortega no ha cambiado
Pedro J. Chamorro B.
El autor es periodista y diputado de ALN

Economistas serios que analizan la economía mundial han pronosticado que China, un país comunista, con una pujanza económica sostenida del 11 por ciento de incremento anual del producto interno bruto, será la primera potencia económica mundial en tan sólo 20 años, superando incluso a los Estados Unidos, Japón y Europa.

Un verdadero contrasentido: un país superpoblado, pobre y a la postre con un sistema de gobierno comunista, se transforma en un poderío económico mundial gracias a que ha logrado insertarse en lo que el presidente Ortega califica el “capitalismo imperialista globalizado”, compitiendo en el mercado mundial con éxito gracias a su eficiencia y capacidad de adaptación.

Los cambios en el mundo en los últimos 18 años no son sutiles, aunque el presidente Ortega aún no los haya percibido y esté esperando que el mundo cambie para cambiar él. Casi todos los sistemas del “comunismo globalizado” de la década de los ochenta han fracasado y se han insertado en la economía mundial, ha caído el muro de Berlín que separaba a las dos Alemanias y a los dos sistemas políticos y económicos antagónicos y con el desmoronamiento de la Unión Soviética ha terminado la guerra fría.

Países como China, que lograron adaptarse al nuevo ritmo de la economía mundial aprovechando su extraordinario capital humano, lograron conservar su sistema político, el cual también va cambiando poco a poco, ahora son “socios” del maligno “capitalismo imperialista globalizado”, a como le llamó Ortega en su discurso de la ONU.

El mundo ha cambiado, Nicaragua ha cambiado, por ejemplo, la libertad de expresión que hemos conquistado los periodistas nos permite que se critique el discurso de Ortega, lo que no se permitía hace 18 años que vivíamos un régimen de censura previa.

El país, si bien sigue siendo pobre, ya no padece de una hiper inflación como cuando el presidente Ortega entregó su último gobierno y ha habido mucha inversión que ha hecho que nuestro país avance, también hemos logrado que se nos condone la mayoría de la inmensa deuda de 12,500 millones de dólares que nos legó.

El que debe cambiar es el presidente Daniel Ortega y dejar a un lado su política internacional confrontativa con el mundo, o mejor dicho con los países exitosos del mundo que nos han brindado la mano amiga en medio de nuestras dificultades. No es apoyando a Irán ni emulando a Hugo Chávez que nuestro país cambiará más rápido, ni se combatirá a la pobreza.

No es cambiando el régimen de gobierno de presidencialista a parlamentario, eso no ayudará en nada a que produzcamos y exportemos más, como los chinos. Tampoco ayudará a que el Gobierno sea más eficiente en sus políticas de desarrollo y genere más empleo y riqueza.

Tampoco con esos discursos incendiarios el presidente Ortega logrará que su propio gabinete sea más eficaz y pueda ejecutar el presupuesto, hacer las obras que están prometidas y financiadas como las carreteras, atraer turistas, incrementar la inversión nacional y extranjera, todo lo cual ayudaría realmente a combatir la pobreza con la principal arma: el empleo.

Veamos los ejemplos de las dos chinas: Taiwán y China comunista. Dos sistemas políticos totalmente antagónicos que a lo largo de los ochenta protagonizaron la “guerra fría” en un mundo totalmente polarizado. Sin embargo, ambas naciones han logrado insertarse en la economía “capitalista globalizada” con éxito, gracias a que lograron capacitar su inmenso potencial humano, atraer la inversión nacional y extranjera y expandir su producción de alta tecnología adaptándola a la demanda del mercado mundial.

Ello trajo como resultado no el cambio total de sistema político, pero sí una apertura considerable en ambos países, una democratización que terminó con la era de los caudillos de ambos países Mao Tse Tung y Shiang Kai Sheik.

Me pregunto: ¿qué va decir el Presidente Ortega dentro de 20 años, cuando ya no sean los Estados Unidos de América los que lideren la economía mundial, sino la República Popular de China?

Es decir, ¿tendría que esperar otros veinte años para cambiar su discurso, o lo cambia desde ahora y comenzamos a avanzar en lugar de ver para atrás y lamentarnos de un mundo injusto, en donde siempre habrán ricos y pobres, ganadores y perdedores? Pasemos a formar parte del equipo de los ganadores.

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