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La unión de fuerzas democráticas

El bloque de oposición integrado por varios partidos, grupos y personalidades políticas, así como algunos movimientos sindicales, que fue proclamado el jueves de la semana pasada en un hotel de Managua, no es aún la “gran unidad de fuerzas democráticas” de la que hablan sus promotores pero sin duda significa un paso muy importante en esa dirección.

La alianza de todas las fuerzas políticas, movimientos cívicos y personas democráticas de Nicaragua, es necesaria para impedir que se vuelvan a imponer en el país el autoritarismo y la dictadura. Es tan importante como la unidad en la acción de los diputados democráticos en la Asamblea Nacional, para frenar mediante decisiones legislativas y parlamentarias —como ya se hizo con la derogación de los CPC, que ahora hay que refrendar rechazando el veto presidencial— el ímpetu autoritario de Daniel Ortega.

La alianza de los partidos y grupos políticos democráticos, junto a los movimientos cívicos y personalidades independientes que quieren salvar la democracia, es imprescindible para derrotar electoralmente al partido orteguista, primero en las elecciones municipales del próximo año y después en las nacionales del 2011. Pero es obvio que no se puede hablar con certeza de una unidad total de las fuerzas democráticas de Nicaragua, mientras no participe en ella el Partido Liberal Constitucionalista (PLC).

De acuerdo con la encuesta que hizo la firma M&R Consultores a solicitud de la diputada Jamileth Bonilla y otros dirigentes liberales, en junio de este año, si la ALN y el PLC fueran juntos a las elecciones municipales del próximo año podrían ganar hasta 126 alcaldías —inclusive las de todas las cabeceras departamentales, salvo Estelí—, mientras que el FSLN apenas obtendría 27 gobiernos municipales. Y también según otra encuesta que hizo la empresa Borge y Asociados, a solicitud de la revista Confidencial y publicada por esta en agosto pasado, los dos partidos liberales unidos podrían ganar las elecciones municipales, aunque no de manera tan contundente como lo sugiere la encuesta de M&R Consultores.

Además, si a la unión electoral de los liberales se sumaran los grupos políticos democráticos de otras tendencias —los cuales representan la diversidad pluralista que es indispensable en una auténtica democracia, aunque sus votos sean pocos y por eso algunas personas los menosprecien—, el triunfo democrático sobre el danielismo autoritario y corrupto sería aplastante no sólo en lo político-electoral sino también en lo político-moral. Y ya no digamos si se lograra incluir a la izquierda democrática, la cual rechaza vigorosamente el autoritarismo orteguista y con su participación se terminaría de redondear una verdadera “gran unidad de fuerzas democráticas nicaragüenses”.

De otra manera el triunfo electoral municipal sería nuevamente para el FSLN de Daniel Ortega. O sea que si la ALN, el PLC y el MRS se presentan con sus propios candidatos partidistas en los comicios municipales, en los que muchas veces se gana o pierde por unos cuantos votos, el resultado sería prácticamente igual que el del año pasado en las elecciones nacionales.

El problema con respecto al PLC es si al doctor Arnoldo Alemán que lo controla, le interesa realmente una alianza con las fuerzas democráticas y quisiera derrotar a Daniel Ortega y el FSLN y desalojarlos del poder municipal en las elecciones del próximo año, y del poder nacional en los comicios del 2011. O si, por el contrario, le resulta más conveniente mantener y renovar el pacto, entenderse con Daniel Ortega para reformar la Constitución y garantizarle a este seguir en el poder como primer ministro de un sistema parlamentario de gobierno, después de terminar su período presidencial en enero del 2012.

De modo que es muy importante dilucidar si al PLC, dominado por Arnoldo Alemán, se le puede considerar como una verdadera fuerza democrática, o se le debe tratar simplemente como socio de Daniel Ortega en el proyecto de restaurar la dictadura en Nicaragua, ahora en forma bicéfala y basada en un bipartidismo autoritario y excluyente libero-sandinista. O sea: ¿el doctor Alemán es parte de la solución o es parte del problema que se quiere resolver?

El debate está planteado y la respuesta que se le dé a esta interrogante será determinante para el rumbo que siga el proceso político nacional y para la suerte de la maltratada y acorralada democracia nicaragüense.

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