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La filosofía como diálogo intercultural
Alejandro Serrano Caldera
El autor es filósofo y escritor nicaragüense.

Convocado por la Universidad Nacional de General Sarmiento de Argentina y por el Instituto del Desarrollo Humano de Aachen, Alemania, se reunió el “VII Congreso Internacional de Filosofía Intercultural” en Buenos Aires, con la participación de filósofos de cuatro continentes, provenientes de culturas y civilizaciones diferentes y de visiones del mundo, la vida, la sociedad y la historia diversas y a veces contrastantes.

Pensadores asiáticos provenientes de Corea y la India, africanos de Mozambique, Camerún y el Congo, europeos de Alemania, Austria, Suiza, Italia, España y Portugal, latinoamericanos de Argentina, Uruguay, Chile, Ecuador, Bolivia, Brasil, México y Nicaragua y de los Estados Unidos de América, debatimos durante tres días de intensa reflexión y diálogo, sobre las concepciones del ser humano y la interculturalidad y las concepciones de humanización y reconocimiento.

El centro de la reflexión, propuesto por uno de los organizadores principales, el filósofo Raúl Fornet-Betancourt, giró en torno a la cuestión antropológica y a la pregunta ¿Qué es el ser humano?

Los filósofos de la India, presentaron una relación indisoluble entre humanidad y divinidad, al afirmar que el ser divino entra en todos los seres humanos y diviniza la vida. De ahí el principio de no violencia de Ghandi que lo identifica con la fe en Dios y, en consecuencia, con la verdad. Los filósofos asiáticos insistieron en el tema de la libertad como condición de humanidad y en la resistencia como condición de libertad. Aun cuando el hombre está sometido por un poder opresor, es libre si resiste a la opresión.

Los pensadores africanos expresaron que África no es una sola sino muchas pues no es un país sino un continente, lo que exige internamente el diálogo filosófico intercultural y el concepto del ser humano como un ser relacional. En este sentido, la negritud, como significación de sí mismo, es ya una expresión intercultural, la que se manifiesta también con respecto a la cultura dominante y a las diversas lenguas europeas en que se expresa el pensamiento africano que afirma entre otras cosas, la prioridad que tiene el grupo sobre el individuo a partir de una concepción holística de la vida.

Los filósofos europeos, sobre todo austriacos y alemanes, sostuvieron que el principio decisivo de la era moderna es la razón, aunque también señalaron que el cogito cartesiano no es la única visión racional, aunque sí es la visión racional dominante que se ha impuesto en Europa y en el mundo.

Para presentar la idea de un pensamiento racional alternativo se basaron en la ruptura antropológica en la filosofía de El Renacimiento en la que se resalta la potencia creadora del espíritu humano, la curiosidad insaciable de la persona, lo que permite que la semejanza del hombre con Dios se comprenda no sólo por la razón sino por el espíritu creador. El hombre es creador y formador de sí mismo. La condición de Humanidad se refleja sobre todo en la acción moral. En este sentido Pico de la Mirándola, Nicolás de Cusa y más recientemente, Montaigne y Pascal.

Contrastaron el pensamiento griego, tanto de los presocráticos como de la trilogía universal, Sócrates, Platón y Aristóteles, que buscaron afanosamente el orden frente al caos, sea en el universo como en la sociedad, la polis, la política, asumiendo que la felicidad es el equilibrio y la realización de los fines, el bien, la justicia, la virtud, con el pensamiento de Hobbes que proclama que la felicidad es la búsqueda permanente de nuevos objetivos, la insatisfacción más que la satisfacción moral de los griegos.

Los filósofos latinoamericanos, entre los que estuvieron Juan Carlos Scanone fundador junto con el peruano Gustavo Gutiérrez y el brasileño Leonardo Boff, de la Teología de la Liberación en los años 60 del siglo pasado y Carlos Cullen, uno de los fundadores de la Filosofía de la Liberación en los años 70 del siglo XX, plantearon la necesidad de una globalización alternativa, de un lugar hermenéutico del ser humano, es decir, no un concepto abstracto del ser sino considerado en un contexto económico, social, político y cultural, de la prioridad de la ética, primero y la política, después como forma de asumir el rostro humano, que es el rostro del otro que nos interpela.

Los filósofos norteamericanos hicieron ver la injusticia del sistema, la necesidad de recuperar la condición de ciudadano del ser humano devenido un consumidor y, sobre todo, la necesidad de recuperar su condición de sujeto moral en un mundo dominado por el utilitarismo, la acumulación y la concentración de poder. Nuevos valores como la solidaridad con los desposeídos y necesitados se impone como pensamiento y acción alternativos ante la deshumanización dominante.

En la conferencia La unidad en la diversidad, filosofía, interculturalidad y humanismo, presenté la necesidad de repensar al ser humano desde su respectiva situación histórica y cultural, como un sujeto abierto a todas las corrientes culturales ante las cuales tiene la libertad de acoger o rechazar de integrar o separar en el proceso de construcción de su propia realidad.

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