Uno de los daños que a largo plazo se convertirá en una amenaza heredada del huracán Félix en la Región Autónoma Atlántico Norte (RAAN), es la devastación del bosque, pues los árboles caídos son una amenaza latente de incendios forestales, que dejarían daños irreparables.
Hay casos como el de la comunidad Layasiksa, donde la regeneración natural necesitará al menos 30 años pues los árboles tumbados son de más de cien años de vida, según el síndico Rufino Johnson.
Según dijo, en esa comunidad el 70 por ciento del bosque fue afectado. “Hay árboles de todo tipo caídos, incluidos los de veda forestal, ceibo, caoba, cedro real”, señaló el dirigente comunitario.
En esa zona, explicó, había 75 mil hectáreas de bosque latifoleado, en dos planos de manejo certificados. La sostenibilidad integral del bosque estaba avalada por organismos internacionales de conservación.
A la fecha, indicó que la principal preocupación es impedir que en la comunidad se desaten las quemas, pues dijo que les han dicho a los comunitarios que “el día que enciendan fuego, busquen cómo emigrar, porque si no te mata el fuego, te mata el humo”.
A un mes del paso del huracán Félix, el síndico dijo que revisan si pueden impulsar la regeneración natural, a su vez dijo que trabajan en función de orientar a la comunidad para que durante la siembra del maíz de este año no realicen quemas en esas áreas.
PENSAR EN LA FAUNA
“Estamos viviendo una amenaza ahorita, si se pega fuego va a ser catastrófico; va a ser peor, dos a tres veces más que el mismo huracán Félix. Tenemos que pensar en la reforestación”, sostuvo el gobernador Reynaldo Francis.
A su vez dijo que deben pensar en la protección a la fauna silvestre. “A mí me golpea porque he visto en árboles un montón de monos, en un árbol un montón de loros, o sea la fauna silvestres perdió su hábitat, los animales están bien desorientados”, aseguró.
DAÑOS IRREPARABLES
El gobernador regional aseguró que la destrucción al ecosistema “es única en la historia”.
Manifestó que además de las pérdidas humanas —pues se estima que 300 personas aún se encuentran desaparecidas— alrededor de un millón 400 mil hectáreas de bosque fueron devastadas por el fenómeno natural y de ese total casi 480 mil hectáreas fueron totalmente destruidas.
Sin embargo, las cifras podrían ser mayores pues en cuanto a los muertos el gobierno ha admitido que pueden pasar los 300 y en cuanto al bosque destruido podría ser de tres millones de hectáreas.
EL ALMA DEL PUEBLO
El ecosistema marino, costero y los arrecifes coralinos de la zona de los Cayos Miskitos también fueron arruinados.
“Este huracán le vino a tocar el alma y nervio a este pueblo”, refirió Francis.
Para la rehabilitación agropecuaria el Gobierno regional necesita 46 millones de dólares, y otros 21 millones de dólares para la pesca.
Francis mencionó casos de comunidades donde los daños afectan las labores de sus habitantes. Por ejemplo, indicó que Sandy Bay, Dácara, Pájara, Auastara, entre otras, quedaron totalmente destruidas.
En la comunidad de Auastara el 99 por ciento de los hombres se dedicaba a la captura de tortuga verde y según el reporte de los líderes de esa comunidad, contaban con 200 botes veleros, con un costo alrededor de 10 mil dólares cada uno, de esos únicamente les quedaron ocho y con daños. “Eso significa que las comunidades vienen para abajo”, comentó Francis.
En Dácara y Sandy Bay, hay daños en 300 pangas con sus motores.
Según el informe de Inpesca, un 68 por ciento de la pesca, sobre todo de langosta, salía de esa comunidades.
NECESIDADES URGENTES
Pasado un mes del impacto del huracán, las autoridades estiman que deben pensar en la reconstrucción, el problema es que, según el gobernador, “todo es prioritario”.
“Si miramos, la vivienda es prioridad porque estamos en el sol y bajo lluvia; el agua es prioridad, si mirás el campo es prioridad, la agricultura porque la gente tiene que trabajar y tiene que comer. Si mirás en la parte marina, la gente tiene que trabajar nuevamente en su actividad que es la pesca”, comentó Francis.
Sostuvo que la madera que quedó en el suelo tumbada por la fuerza de los vientos, debe ser aprovechada, pero no para vender en el mercado, sino utilizarla en la reconstrucción de las viviendas destruidas. Según lo estimado, de lo que requieren para infraestructura social y vivienda es de 148 millones de dólares, mientras para gestión de riesgo necesitan 2.5 millones de dólares.
Según el balance de los daños en la RAAN, son 351 comunidades afectadas a quienes deben atender además con alimentos, para lo cual requieren 18 mil toneladas métricas que les permitan cubrir seis meses de distribución.
Francis dijo que a la fecha tienen una brecha de 13.5 toneladas métricas con un costo de 16 millones de dólares que aún desconoce cómo se obtendrán.
SOLIDARIDAD SE MANIFIESTA
El organismo Feed The Children Nicaragua, anunció que llevará ayuda a las comunidades de Waspam, uno de los municipios más afectados.
Roberto Castro Flores, representante residente de ese organismo, manifestó que en conjunto con las autoridades locales distribuirán directamente la ayuda consistente en 300 kilos de alimentos y otros productos, que esperan sirvan para el abastecimiento de un mes, a los beneficiados. La ayuda asciende a un poco más de 850 mil córdobas.
Otros organismos que están apoyan son Hands of Love, Canada, Universal Aide Society y American Nicaraguan Foundation.