El XIII Festival Internacional de Teatro: Monólogos, Diálogos y Más, cerró esta jornada con Roberta... Una Chica del Montón, interpretado por Laura Suárez y gracias al apoyo de la Embajada de España.
Las expectativas de esta puesta eran muy altas, casi siempre las mejores piezas quedan para el final, así que estábamos ansiosos por disfrutar de este espectáculo unipersonal, que agotó las entradas del teatro días antes de su exhibición.
Los engarces del monólogo no funcionaron a cabalidad, la actriz se esforzaba en muecas exageradas y chillidos que no conseguían las risas que pretendía provocar.
Tal vez el sentido del humor europeo no funcione a cabalidad en nuestras tierras, donde lo exuberante, lo ridículo, lo insólito forma parte del surrealismo tropical que nos caracteriza.
Si Laura actuaba de forma superficial y banal, porque así lo requería su personaje, lo hizo de maravillas, porque todo el tiempo nos dio una caracterización frívola y externa de una chica del montón, que evoluciona sin muchos argumentos dramáticos que sustenten su transformación.
Hubo demasiadas canciones, algunas eran burdas parodias que provocaron risas, otras aburrieron al público que no sabía si era un recital con chistes o un monólogo.
Pensamos que la actriz tiene posibilidades histriónicas, pero tal vez necesite otro montaje donde pueda demostrar sus cualidades reales.
Para colmo de males, la tecnología no le funcionó bien y en cierto momento, cuando ella habla de su álbum de fotos, el equipo de proyección se trabó y sólo hubo un escenario oscuro, mientras la actriz se cambiaba de ropa.
La tecnología te puede ayudar y hacer más sugestiva una puesta, pero se deben tener a mano alternativas que permitan sustituir ese recurso, en el caso que falle. No sería la primera vez que suceda. Debemos ser precavidos.
CIERRE DEL FESTIVAL
Con las palabras de la artista Socorro Bonilla culminaron las arduas jornadas de este Festival Internacional, organizado por Lucero Millán y Els Van Popels junto al Grupo Justo Rufino Garay. Este evento realmente necesita del apoyo estatal para poder ofrecer más y mejores opciones.
El balance de estos días no resulta favorable para el movimiento teatral nicaragüense. Hay muchas dificultades que limar, mucho trabajo por delante para lograr niveles sostenidos de calidad en las puestas.
Los directores deben exprimir a los actores, buscando sus mejores condiciones dramáticas, los dramaturgos deben repensar sus puestas y buscar mecanismos que enriquezcan y hagan atractiva la trama.
El Gobierno debe apoyar al movimiento teatral y darles recursos para que puedan hacer montajes atrevidos, modernos, novedosos. Hay que hacer intercambios con actores, directores, dramaturgos de otros países para alimentarnos de las nuevas tendencias del teatro moderno y afilar las herramientas necesarias, para llegar a la excelencia teatral.
Tal vez para el XIV Festival, en el 2008, los sueños de Eveling Martínez se hagan realidad, mientras sólo será un sueño colectivo que aspira a ser algo más que una esperanza incierta.