“Es simple, la publicidad vende”. De esta manera decía el anuncio de la Organización Nicaragüense de Agencias de Publicidad, que aparecía en los medios escritos nacionales el pasado 18 de agosto, con motivo de la celebración del Día de la Publicidad. Pero, ¿eso significa vender a cualquier precio?
En fechas recientes una operadora de telefonía en Nicaragua mantuvo, a través de dos de sus distribuidoras, una activa campaña de publicidad radial basada, la primera, en los cuentos infantiles de princesas y hadas, y la segunda, mediante imitación de un programa radial llamado Radio Dígalo Todo. En ambas se utilizaba la comunicación comercial de una forma que atentaba contra los valores de la ética profesional y la libre competencia en nuestro país.
La Guía de Ética Empresarial de Nicaragua, redactada en el 2004 junto al Departamento de Comercio de Estados Unidos de cara al Tratado de Libre Comercio presenta, dentro del epígrafe dedicado a las comunicaciones, reglas muy claras sobre lo que debería ser una publicidad de empresa administrada de forma ética.
En primer lugar manifiesta que la información presentada al público debe de ser clara, precisa y honesta, y que además debe promover la congruencia entre los productos y/o servicios que se ofrecen. Adicionalmente dicha guía apunta a que la publicidad no debe ser utilizada para fomentar la competencia desleal ni para desprestigiar a otras empresas u organismos sin base o para descalificar a competidores. Por último y no menos importante, el mismo epígrafe señala que existe el derecho, por parte del consumidor, a ser informado correctamente de los productos y sus contenidos.
Estos distribuidores incumplen de manera flagrante, y posiblemente con el consentimiento de la empresa de telecomunicaciones, con varias de estas recomendaciones éticas, que si bien no tienen ningún carácter legal o normativo, fueron redactadas para garantizar una libre competencia basada en productos y servicios y comunicaciones honestas con los ciudadanos. La publicidad debe estar apegada al marco jurídico que contemplen las leyes nacionales, y cuando no, al menos deben respetar aquellos principios básicos sobre ética y buena gestión que las agrupaciones empresariales pactan.
Es necesaria una regulación más fuerte de los aspectos publicitarios generales, del mismo modo que ya existen para aspectos publicitarios puntuales como la promoción del tabaco entre la sociedad o las limitaciones en el uso de la niñez en muchos tipos de publicidad.
Ha de ser cometido de la ONAP y del sector publicitario en general, dejar claros unos principios y valores rígidos sobre los alcances de la publicidad en Nicaragua, y ha de ser obligación de la empresa de telecomunicaciones a la que alude este artículo, el respetar las reglas de juego de las actividades comerciales, particularmente cuando cumplen con las leyes establecidas no sólo por el Instituto Regulador asignado sino con todas las de la República de Nicaragua.
Se necesita garantizar un clima de libre pero leal competencia en Nicaragua para que continuemos avanzando como región y en esa acción tendrán mucho que aportar nuestras agencias de publicidad y la sociedad empresarial local en general.