La relación entre el precio de un bien y la cantidad que se demanda del mismo, usualmente es inversamente proporcional; a medida que aumenta de precio, los individuos compran menos de un bien. Sin embargo, esto no siempre se cumple, ya que la teoría económica ha descrito un caso muy peculiar: el bien Giffen. Nombrado en honor a Robert Giffen, el primer economista en señalar la posibilidad de que existen bienes que infringen la ley de la demanda, un bien de este tipo, al aumentar de precio aumenta también la cantidad demandada del mismo.
Durante el siglo XIX en Europa se experimentó una amplia escasez de papas, algo que lógicamente hizo que aumentara su precio; sin embargo, curiosamente la cantidad de papas que se empezaron a consumir, ascendió considerablemente. Una vez que la escasez pasó, el consumo de papas retornó a su nivel normal. La única explicación es que durante ese período de tiempo, las papas se habían tornado un bien Giffen.
Por increíble que parezca, Nicaragua no se queda atrás, ya que tenemos nuestro propio bien que incumple los supuestos básicos de la oferta y la demanda. No es el petróleo ni sus derivados, tampoco la leche, el pan, los frijoles o el arroz. De hecho, es un bien intangible: la democracia.
Durante 16 años, en nuestro país cualquier persona podía expresar sus ideas, críticas y planteamientos sin temor alguno, se había avanzado en el respeto a las instituciones, los atropellos gubernamentales eran denunciados por la sociedad civil, la libertad de prensa todos la dábamos por sentado y el terrorismo fiscal era prácticamente inexistente. No quiero ser malinterpretado; el sistema tenía fallas, pero día a día como sociedad nos estábamos enrumbando a mejorarlo.
La situación actual deja mucho que desear en cuanto a democracia, ya que poco a poco vemos —como testigos mudos— la forma en que el totalitarismo se apodera de Nicaragua. La libertad de expresión es constantemente asediada por el Gobierno, la presión hacia los medios independientes se ha dejado sentir con mayor fuerza cada vez, el chantaje político hacia la oposición y la empresa privada es ya una práctica común y la paulatina desaparición de los espacios en los que la sociedad podía ejercer su derecho a la participación sólo conducen al retroceso institucional y democrático.
Por si fuera poco, a pesar de que la Asamblea Nacional le restó facultades a los Consejos de Participación Ciudadana (CPC), estos, ni cortos ni perezosos y como si nada hubiera pasado, siguen actuando como un brazo político del FSLN a la sombra del Gobierno y amparados en la Ley de participación ciudadana. Incluso se está considerando otorgarle permiso a los CPC para que porten armas, con el único fin de amedrentar y coaccionar a la población.
Producto del socialismo salvaje del siglo XXI, nos enfrentamos a una escasez de democracia y lógicamente, su precio aumenta cada día más; lo que es curioso es que también demandamos más democracia. El FSLN y los sandinistas siguen siendo los mismos represores de siempre. Nada ha cambiado en ellos. Ya perdimos una vez Nicaragua; es nuestra obligación como demócratas recuperarla antes de que su precio sea tan alto que debamos pagarlo con sangre.