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Ortega y el etanol
Antonio Lacayo Chamorro
El autor es Ingeniero Civil y Medio Ambiental

Durante la visita que hizo a Nicaragua los días 7 y 8 de agosto de este año, el Presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, su agenda se centró alrededor de la energía, tema de suma importancia tanto en Nicaragua como en el resto del mundo. Lula ofreció a Nicaragua su apoyo para la producción de energía hidroeléctrica, así como también para la producción de etanol a base de caña de azúcar.

El Presidente brasileño insistió en que Nicaragua debería producir etanol puesto que tiene condiciones y rendimientos muy favorables. Sin embargo, el Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, argumentó que el etanol a base de maíz es peligroso porque pone en riesgo el precio de dicho producto, y al final no quedó clara su posición respecto al etanol de caña de azúcar. Lo curioso es que el presidente Lula ni siquiera mencionó producción de etanol a base de maíz, pero como el Presidente venezolano Hugo Chávez rechaza la producción de cualquier etanol, la oferta de Lula incomodó al presidente Ortega y lo obligó a usar esa excusa para evadir el tema.

El interés del Presidente de Brasil en el etanol de caña se basa en el éxito que ha tenido su país en ese sector en los últimos 30 años. Actualmente, toda la gasolina en Brasil contiene 25 por ciento de etanol, y muchos carros utilizan una proporción aún mayor de etanol desde que se introdujeron los vehículos flex en el mercado. Estos carros flex pueden correr con gasolina pura, etanol puro, o cualquier combinación, y los consumidores tienen la posibilidad de escoger el combustible más barato. Incluso, en el 2006 se vendieron más carros flex que de gasolina.

Además, el uso de etanol en Brasil ha tenido un sinnúmero de beneficios, como creación de empleos y desarrollo rural, reducción del déficit en la balanza de pagos, reducción en las emisiones de gases de efecto invernadero y de gases dañinos para la salud humana y reducción del calentamiento global, entre otros.

También es bueno recordar que el etanol de caña es hoy día el biocombustible más limpio, con una eficiencia energética de 8.3, comparado al etanol de maíz que es apenas 1.3. Además, Brasil se ha posicionado como líder en producción de etanol, razón por la cual el presidente Bush visitó Brasil este año. A Bush le interesa que Brasil apoye a otros países latinoamericanos a producir etanol para que crezca la oferta de etanol a nivel mundial. Esto es sumamente importante para los Estados Unidos porque la demanda de etanol está creciendo, y el etanol de maíz que producen en ese país es más caro, más contaminante, menos eficiente, y requiere de altos subsidios que no son sostenibles a largo plazo.

Es por esta atención que ha recibido Brasil de parte de Estados Unidos y otros países desarrollados, que el Presidente venezolano Hugo Chávez se volvió opositor del etanol. Para Chávez, la producción y consumo de etanol en otros países latinoamericanos disminuye la fuerza que puede tener el petróleo Venezolano para comprar aliados, puesto que el etanol ofrece una estrategia limpia y sostenible para reducir los problemas de energía y promover el desarrollo económico. Sin embargo, al no tener argumentos sólidos y concretos en contra de etanol de caña, Chávez ataca el etanol de maíz.

Para citar algunos números, cada millón de toneladas métricas de caña producidas y procesadas, necesitan 2,500 empleos (agrícolas e industriales). Si Nicaragua aumentara 50 por ciento su actual producción de casi 5 millones de toneladas métricas de caña de azúcar por año, se crearían 6,000 empleos directos adicionales y muchos empleos indirectos. Además, el aprovechamiento de los precios internacionales más favorables, ya sea para exportar azúcar o etanol, le permitirá a los ingenios pagarle más a los pequeños productores que les suplen con caña de azúcar, puesto que el precio de la caña se determina basado en los precios de mercado para ambos productos. Nicaragua también podría reducir la contaminación ambiental, reducir el déficit actual en la balanza de pagos incrementando las exportaciones y reduciendo las importaciones de gasolina y lograr muchos otros beneficios.

Sin embargo, tras la visita de Lula quedó claro que Ortega prefirió seguir atado al petróleo, que además de ser insostenible y dañino para el medio ambiente, no ofrece los beneficios sociales posibles con el etanol. Al hacer esto Ortega se opone al desarrollo sostenible y al crecimiento económico de Nicaragua, negándose a resolver los problemas de desempleo que existen en Nicaragua. Esperamos que tarde o temprano Ortega cambie de dirección para evitar que la co-dependencia y el conflicto nos regresen a los ochenta.

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