En un rincón del Salón de la Fama en el Estadio Nacional Denis Martínez, se encuentra el retrato de Salvador “Chava” Dávila Manzanares, uno de los mejores delanteros que ha tenido el futbol nicaragüense.
Seguramente muchos han visto su foto y no saben de quién se trata, algunas veces puede pasar inadvertido al lado de los grandes cuadros de beisbol y boxeo, pero “Chava” está más allá que una placa y un retrato. Sus triunfos fueron trascendentales y perteneció a un grupo de futbolistas que hicieron historia en el balompié pinolero.
Se dice que Dios le otorga un don especial a cada persona, el don de “Chava” Dávila era más avasallante que tocar el balón. Es el que nos roba el suspiro y nos acelera el corazón, el que eriza la piel y estimula los sentidos. Era el poder que tenía para atraparnos en las redes de sus jugadas extraordinarias y llevarnos al éxtasis a través de sus goles.
Precisamente de Dávila se disfrutaron muchas victorias. Con el equipo Triunfo, en que jugó durante 17 años, conquistó tres campeonatos de goleo en 1957, 1964 y 1965. En estos tres años marcó más de 100 goles. Estadísticas que lo consagraron en uno de los atacantes más codiciados por los equipos nacionales de los sesenta.
Pero quizás el gol que más se recuerda de Dávila es aquel que anotó de penalti en el partido histórico ante Estudiantes de la Plata, el 9 de enero de 1966. En ese juego “Chava” definió el triunfo 2-1 para Nicaragua.
El doctor Juan Bautista Arríen, uno de los antiguos compañeros y gran amigo de Dávila en la Selección Nacional, lo describió como un delantero inigualable, fino para colarse en el área de ataque y concreto en la definición.
Se recuerda que en 1964, Salvador Dávila jugando con el equipo ANAF ganó la medalla de oro por ser el mejor jugador del equipo de Nicaragua en Costa Rica. En esa época Dávila era considerado uno de los mejores delanteros en Centroamérica. Y es que “Chava” nació para tener éxito, tenía ese brillo especial que traen todos los deportistas excepcionales, traía el futbol en sus venas y poseía el alma apasionada de un jugador entregado a su equipo. Todas estas características hicieron que él estuviera eternamente ligado al balompié, pese al día de su retiro.
Con el pasar de los años sus logros fueron olvidándose. Influenciados por el hipnotizante futbol europeo, nos olvidamos que en Nicaragua tuvimos futbolistas extraordinarios. Algunos desconocen la historia de jugadores de la talla de “Chava” Dávila, Manuel “Catarrito” Cuadra, Livio Bendaña, Ruddy “el Tico Nica” Sobalvarro, “Camarón” Gutiérrez, Miguel “Chocorrón” Buitrago y otros personajes que marcaron una época importante en el futbol nacional.
Como la mayoría de los deportistas retirados, “Chava” quedó en el anonimato. Sus últimos días en la tierra los dedicó a apoyar las pequeñas ligas de barrios en Managua. Hace dos años, un 21 de septiembre de 2005, Salvador recibió el llamado de Dios, el mejor director técnico.
Ahora ya no vemos a Dávila con los niños, pateando la pelota, ni tampoco oímos sus anécdotas deportivas. Y aunque dejó un gran vacío en el deporte y muchos ignoren su existencia, él siempre será “Chava”, una de las inmortales leyendas del futbol pinolero.