Los escombros de las rústicas casas de madera destruidas por los fuertes vientos de Félix, en la RAAN, aún permanecen en el suelo como mudos testigos de los daños. / LA PRENSA/ M. ESQUIVEL
Víctimas de Félix aún no se reponen del impacto
Elízabeth RomeroIV ENTREGA
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Ayuda es insuficiente

Los refugiados de Leimus afirman que les ha llegado ayuda por parte de diferentes organismos que les llevan asistencia humanitaria, pero estiman que la misma es insuficiente.
“Estamos, mire, limitados, honestamente que aquí estamos comiendo salteadito. Nosotros nos conformamos con darle de comer a los niños, aunque los viejos aguantemos, porque aquí los que tienen su tuquito de tierra se van a andar pepenando mazorquitas (de maíz), que ya ni sirven, porque están nacidas, todo está caído: el banano, todito el maíz se nació. No tenemos esperanzas de nada”, comentó Cony Tobares Chévez, de 37 años, habitante de la comunidad Leimus. Daniel Monterrey, líder del albergue, manifestó que muchos no han podido regresar a sus casas, debido a que si bien es cierto muchos recibieron plástico para el techo, no ajustan para el forro de las mismas. “Aquí no hay hojas como para decir voy a cortarlas y ponerle algo de techo, las hojas quedaron molidas totalmente, y por lo menos con los pedacitos que ha conseguido la gente que vive aquí cerca, medio ha rumbeado los techos de las casas, pero las que están en el centro que vivían más largo de aquí (aún) se encuentran aquí”, indicó Tobares. Yamileth Palma, del organismo Acción Médica Cristiana, indicó que toda la ayuda que han enviado a esa región la han hecho de forma coordinada con el comité de emergencia local, para evitar que se corra el riesgo de duplicar la ayuda. Palma manifestó que han conocido de algunos casos de organismos que no han coordinado con el Comité de Emergencia local y han repartido la ayuda por su propia cuenta, aunque aclaró que las necesidades son muchas. Hasta el momento dijo que han enviado ayuda consistente en ropa, alimentos, algunos utensilios de cocina, y un kit de higiene. Asimismo, dijo que el organismo Acción Contra el Hambre, llevó agua a algunas de las zonas afectadas.

Sasha, una de las más devastadas

A casi un mes del paso del huracán Félix por la Región Autónoma Atlántico Norte (RAAN), sus habitantes aún no se reponen del impacto.

Ese día “las gotas de agua dolían”, recuerda Cony Tobares Chévez, de 37 años, habitante de la comunidad Leimus, cerca de Sasha, camino a Bilwi.

En las comunidades entre Rosita y Bilwi el meteoro impactó con fuerza y muchos de los caminos quedaron inhabilitados debido a que los árboles fueron tumbados.

Hasta mediados de la semana pasada empezaron a sacar hacia el hospital de campaña en Sasha, a los enfermos que habitaban en las montañas de ese sector.

En la zona de Sasha, la mayoría refiere que sus sembrados de maíz, frijoles, arroz, guineo y plátanos se perdieron. Muchos cultivos quedaron debajo de los frondosos árboles que lanzaron al suelo los vientos huracanados. Las rudimentarias casas también quedaron caídas.

Desde Santa Fe de Acaguás fue sacada a mediados de la semana pasada, por miembros de la fuerza de tarea venezolana, al hospital de campaña, la señora Rosa Esther Rocha, junto a sus niños enfermos. En el hospital de Sasha atienden brigadas médicas de la Universidad Nacional Autónoma de León, dos médicos cubanos y personal de los Bomberos Unidos.

Gustavo Zamora, de los Bomberos, estima que en ese lugar han atendido a unas siete mil personas, por de enfermedades respiratorias y diarreicas.

“Estábamos esperando que nos llegaran a traer, estábamos enfermos, esa niña la tenía con asma”, refiere Rocha, y a la vez comenta que la comida ya se les había terminado, “perdimos todo, ya teníamos tres días que sólo un tiempo comíamos; una rajita de guineo cada uno, porque ya se nos estaba terminando todo”, dijo la mujer.

La familia de Rocha tenía sembrado maíz, pero como estaba alejado de la casa y en la montaña, tras la caída de los árboles no reconocían siquiera “a qué lado era la huerta”, además, los sacos de frijoles que guardaba, con las fuertes corrientes se regaron y los perdieron en el charco.

ENFERMOS Y CON HAMBRE

La mujer recuerda que sus hijos sufrían de diarrea aguda y en una primera ocasión los helicópteros sobrevolaron la zona pero no los vieron. Fue en un segundo sobrevuelo que lograron divisarlos y sacarlos a Sasha.

“Ya no teníamos nadita, sólo guineítos con sal, agua bebíamos del río, porque si no, ¿de dónde? Hallábamos animales muertos destripados arriba, mire (en el río), pero teníamos que beber así; porque no hallábamos pues”, comentó la campesina.

La familia de Rocha pasó más de 20 días a la intemperie, la casita quedó en el suelo “llevando sol y lluvia”, pues asegura que ni un árbol quedó en pie. “Sólo el tronquero quedó allí”.

El pasado 4 de septiembre, cuando el huracán Félix impactó el Caribe Norte, recuerda Rocha, “nos pusimos retiraditos de la casa, sin carpa, sin nada, sólo tapábamos a los niños, nosotros debajo del vientazo, nos revolcó en el suelo, nos parábamos y caíamos y así, ¡uf!, nos arrastró como de aquí para allá (señala una distancia de varios metros), como nadie nos llegaba a traer no podíamos salir por el puño de niños”.

De esa misma comunidad fue trasladado al mismo hospital de campaña, Alejandro López Escobar. Con él salieron siete personas, varios niños enfermos, uno de ellos con tos, vómitos, diarrea y calentura y no dejaba de llorar. Según dijo, su comunidad está distante unas cinco horas de Sasha, cuando el camino estaba bueno.

Ahora, señala López, todo está destruido y las comunidades incomunicadas. “Este huracán aterró todo, no hay pasada”, dijo López, quien menciona que más adelante de Santa Fe de Acaguás hay otra comunidad llamada Nueva Esperanza, a dos horas de distancia del primero, donde presumen está totalmente destruido.

“Los ríos crecidos y al caer los árboles se formaron presas. ¡Hay señora!, son palos grandes de la raíz y los tumbó. Se necesitan motosierras, tractores, para apartar eso y con brigadas”, manifestó López, quien comentó que salió con la ropa que llevaba puesta y sus niños salieron desnudos.

El campesino lamentó que el huracán le dañó todo lo que había cultivado. Según dijo, sus pérdidas son de por lo menos tres hectáreas de maíz, una hectárea de arroz y dos hectáreas de plátanos. “Allí no hay nada, y así están todas las familias”, manifestó López.

El hombre indicó que al lugar les había llegado por vía aérea un poco de plástico y un poco de cloro, “porque hay animales muertos que da gusto allí, hay monos congos, allí hay venados, lo que son dantos han muerto bastantes”.

María Guillén López, de 73 años, fue llevada enferma de asma desde la comunidad Las Breñas. Su casa de paja quedó en el suelo y, lo peor, dijo, ahora “no quedó nada de hoja para hacer casa, ahora estamos en el campo como animales”.

En Las Breñas, asegura López, la gente está consumiendo agua de los caños “donde a la par está el animalero muerto”.

Según indicó, los fuertes vientos y la lluvia empezaron desde las 3:00 a.m., y el mal tiempo terminó a las 4:00 p.m., “los bananos los desraizó, allí no hay nada, la vez pasada hubo un huracán pero no como ahora”.

Ella había alquilado tierra para sembrar una manzana y media de arroz, media manzana de maíz y media de yuca. Sus hijas tenían como tres manzanas de arroz, maíz y todo se perdió. “Allá, de un cuarto de manzana sembrada de arroz sacamos 15 quintales, ahora dígame, manzana un cuarto de arroz, ¿cuánto se hace?, ahora media manzana de maíz, media manzana de yuca que eso lo levantó, lo que no arrancó lo aterró, la huerta que quedaba a la orilla de la montaña se le echó la palizada mire, que eso no se pudo sacar”, relató López.

Su familia está consumiendo el maíz que se nació por la abundante agua, pues la ayuda que les han entregado no es suficiente. “ Y qué vamos a hacer?”, apuntó la mujer.

CAÍAN DESMAYADOS

Cony Tobares Chévez permanece refugiada en la escuela local. Hasta la semana pasada, unas 60 familias de Leimus, permanecían refugiadas ahí. La mujer recuerda que muchos caían desmayados en la entrada de la escuela, después de recorrer largas distancias para protegerse de los fuertes vientos.

“¡Ah!, eso fue fuertísimo; hasta la rodilla de agua, embebidos, todos los días sin comer y el poquito de comida que teníamos en la casa lo desbarató todo, (...) Aquí fue duro, aquí mire yo creo que las que no llorábamos fue porque somos mujeres”, comentó Tobares Chévez.

“Todos ahí salimos como locos, cada madre con sus niños de las manos de arrastrados, eso fue terrible (...) Los niños desmayándose del frío, embebidos, otras que golpeadas (...) Y el viento se llevó todo, los trapitos que teníamos allí los levantaba mire y los llevaba por el aire a botarlos a saber dónde, y los techos todo, todo volaba, sin mentirle mire, por allá estaba engasada una lámina de zinc”, manifestó Tobares.

Leonor Cruz Godínez, de 50 años, también es de una de las familias de Leimus refugiadas en la escuela. Su familia habita más al centro de esa comunidad, ya en la parte montañosa. Únicamente rescataron tres perritos. “Allí está amplio, allí no hay nada, nada, todo está caído, están caídas las casas, allí está destruido todo, está destruido bosque, no hay nada”, dijo Cruz Godínez.

Salieron en busca del refugio con las corrientes que les llegaban al pecho o a la cintura. Recuerda que el huracán lo empezaron a sentir como a las 4:00 a.m., y a eso de las 5:00 a.m., empezaron a caer árboles y las casas. “Ya la casita de nosotros cayó como a las 9:00 de la mañana. Y esto que le metimos unos palos”, dijo Godínez.

Otilio Escoto Espinoza, su cónyuge, señala que nunca pensaron que el meteoro iba a ser fuerte y cuando llegó un pariente a avisarles para que salieran, ya no les dio tiempo.

“Cuando nosotros ya nos quisimos preparar fue cuando se arreció el huracán”, dijo Escoto, quien recordó que cuando empezaron a caer los pedazos de madera, su esposa le decía que salieran, pero rehusó por temor a que algún árbol les cayera encima “pero el agua ya la teníamos arriba de la cintura”.

“El viento era fuertísimo, nunca lo habíamos visto aquí ni en el Pacífico”, manifestó Escoto, quien es oriundo de Río Blanco, desde donde llegaron hace dos años en busca de mejor vida.

A la hermana de Cruz Godínez, Elvira Godínez, la creyeron muerta por unos momentos, parte de la madera de la casa le cayó encima. Perdieron todos sus cultivos.

Escoto señala que tenían sembrado más de dos manzanas y media de maíz, media manzana de quiquisque, una manzana de guineo, media de plátanos, y malanga, de lo único que podrían rescatar solamente una parte.

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