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Olvido o rechazo
Douglas Carcache

Los nicaragüenses en Estados Unidos, que podrían sumar hasta un millón de personas, también fueron ignorados por el presidente Daniel Ortega al hablar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, la semana pasada.

Es otro tropezón de Ortega, porque días antes de ir a Nueva York su Gobierno le había pedido al de Estados Unidos que frene las deportaciones de migrantes nicaragüenses indocumentados y les incluya en el estatus de protección temporal (TPS).

En Nicaragua prevalecía la idea de que Ortega expondría ante la ONU la situación crítica de la región caribeña golpeada por el huracán Félix a principios de septiembre; y en Estados Unidos los inmigrantes creyeron que igual abogaría por un trato mejor para los indocumentados.

Nada de eso. El Presidente sandinista se esmeró en atacar a Estados Unidos y defender a Irán, nación que ha sido sancionada por el Consejo de Seguridad de la ONU por sus experimentos nucleares.

La única referencia de Ortega sobre los migrantes en Estados Unidos, fue al decir que ganan una miseria en comparación con la riqueza que sacan las compañías transnacionales de los países pobres.

Al margen de esa retórica, la “miseria” que ganan los nicas en el exterior ha sido tan estirada por éstos, que envían a Nicaragua mil millones de dólares anuales en remesas, con lo que al menos un millón de personas garantizan aquí sus alimentos.

Cuando Ortega pidió al Gobierno de Washington, antes de ir a la ONU, que cesaran las deportaciones de nicaragüenses y les protegieran con el TPS, lo hizo por dos razones: la imposibilidad de que los deportados consigan en Nicaragua un empleo tan remunerado como en Estados Unidos y el probable descenso de los flujos de remesas.

Por cada deportado, cinco personas pueden sufrir efectos económicos negativos, si consideramos que la remesa mensual llega para satisfacer gastos básicos del núcleo familiar: alimentos, medicinas o educación.

Más de 1,700 nicas fueron deportados de Estados Unidos durante el 2006, una cifra superior a la del año anterior cuando los expulsados desde la nación del norte sumaron 1,406, según datos oficiales.

Este año se desconoce cuál ha sido la cifra de nicas deportados, porque desde enero, cuando Ortega asumió el Gobierno, las estadísticas de Migración y Extranjería son manejadas con secretividad.

Los migrantes también proveen a su país por la vía del turismo. Investigaciones del organismo Diálogo Internacional indican que al menos 60 millones de dólares de los ingresos anuales por turismo de Nicaragua han sido aportados por nicas que viajan a visitar a sus familias.

Estadísticas del Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur) mostraron que de 76 mil turistas, que entraron a Nicaragua desde el norte en el primer semestre del año 2005, al menos 35 mil eran nicas residentes en Estados Unidos.

A diferencia de Daniel Ortega, el Presidente de Honduras, Manuel Zelaya, pidió un trato justo para los migrantes hondureños y centroamericanos que viven en Estados Unidos.

“La emigración es un derecho humano”, enfatizó Zelaya al tratar este tema tan sensible para la población del istmo. “La emigración no es, no ha sido, ni debe ser considerada nunca como un delito o una amenaza, sino como un derecho humano. La emigración no debe ser incluida ni pertenece a la agenda de seguridad de los países”.

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