/
Crisis del sistema educativo
Rosa María Vivas Moncada
La autora es licenciada en Psicología.

El sistema educativo nicaragüense se encuentra en evidente crisis, en general, pero hay una situación que en particular fustiga gravemente la seguridad de los niños en las escuelas y merece una solución inmediata.

Me refiero a la alarmante ola de violaciones, abusos y acosos sexuales que se están denunciando en los últimos meses, teniendo como escenarios los centros de educación. En esto se está revelando una densa y oscura sombra que empaña la reputación de los educadores masculinos.

Primero, el caso de la múltiple violación ocasionada por el profesor Jorge Giovanni Sanabria Pérez en la inocente humanidad de cuatros niños habitantes de la casa-albergue Nuevo Amanecer, ubicada en Villa Austria —cuya misión es rescatar a menores de edad en alto riesgo—, ha demostrado las obsoletas medidas de reclutamiento y selección de personal por este tipo de instituciones. Segundo, un educador de una escuela secundaria capitalina es denunciado por sus alumnas de proponerles una mejoría en sus calificaciones a cambio de favores sexuales. Y, por último, el doloroso caso de Ocotal, donde un joven maestro de danza intimida, viola y amenaza a tres niñas con capacidades diferentes, en las propias instalaciones del centro educativo.

No es mi deseo iniciar un polémico debate de género pero en lo que respecta a la educación especial, preescolar, primaria y secundaria es de suma importancia que las autoridades educativas garanticen a los padres de familia una magna casa de estudios donde el proceso de enseñanza-aprendizaje se desarrolle en un entorno de protección y respeto a los derechos de los niños, que sólo es posible con la incorporación en el centro de personal masculino calificado, docentes que merezcan ser reconocidos como figuras ejemplares y confiables.

Como consecuencia de esta terrible ola de violencia contra la niñez, los nicaragüenses nos sentimos moralmente abatidos y sicológicamente afectados. No hay seguridad en las escuelas; se han perdido los códigos morales y éticos; y sólo entonces puede vaticinarse mayor deserción y con ello, mayor analfabetismo y subdesarrollo.

Se someterá al ser vulnerable a los más retrógrados deseos y necesidades del más fuerte. No se debe abusar de las posiciones privilegiadas ni ostentar la superioridad física. Lo más dramático de esta situación es que el daño ocasionado por el docente abusador se extiende hasta la destrucción del dignificante rol de los verdaderos educadores y empaña la vocación y excelencia de quienes cumplen honorablemente con tan noble labor, pésimamente reconocida —social y monetariamente— en este país.

Propongo que se realice una reunión extraordinaria y masiva de los principales entes educadores y gubernamentales, para que se arrecien los criterios de selección de los docentes masculinos, donde se incluya de manera formal y obligatoria que el candidato se someta a una evaluación sicológica, con pruebas sicométricas y entrevistas elaboradas por especialistas; donde se compruebe que sí está calificado para asumir la batuta, la gran responsabilidad que se le debe a las familias nicaragüenses de brindarles conocimientos y valores a sus hijos.

No estoy planteando eliminar de la planilla a los docentes masculinos… pero sí es menester, casi vital, que se resuelva esta terrible situación en la brevedad posible. Que de una vez por todas los señores diputados legislen por la seguridad de la población más indefensa de esta nación: nuestros niños y niñas. No hay peor pesadilla para un padre o una madre, que las criaturas que uno más ama sean mancilladas de esa forma tan cruel, pudiendo prevenirse implementando medidas eficaces.

Más información en www.laprensa.com.ni >>
© LA PRENSA 2005 - Todos los Derechos Reservados