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Hacia la unidad que todos los demócratas anhelamos
Mauricio Mendieta Herdocia
El autor es doctor en Medicina.

Pocas semanas después de las elecciones generales del 4 de noviembre del año pasado, se impulsaron iniciativas por diferentes senderos pero con el claro y único propósito de buscar la unidad o alianza entre los partidos y organizaciones no sandinistas.

En lo personal participé en una de estas iniciativas con gran entusiasmo, pero con escepticismo y serias reservas con relación a la unidad institucional con el PLC, por considerar que dicho partido sufre del secuestro de parte de su principal dirigente Arnoldo Alemán, quien a su vez es rehén de Daniel Ortega. El interés primario de Arnoldo es mantener su libertad aunque sea condicionada, y la misma está sujeta a la voluntad de Ortega. Esta sui géneris situación lo convierte en un dócil y obediente rehén utilizado por aquél como factor permanente de división.

Luego de nueve meses de infructuosas iniciativas y propuestas de unidad, y convencidos de la imposibilidad de una unidad institucional por las razones señaladas anteriormente con el PLC, la misma deberá realizarse con su militancia y su dirigencia intermedia a nivel departamental, municipal y comarcal.

Si bien es cierto que la unidad de los partidos y las organizaciones no sandinistas pasa por la unidad de los liberales, también es cierto, que esa unidad no es suficiente. La unidad debe ser con otros partidos, sectores y personalidades de la sociedad civil, como forma de obtener suficiente representatividad; para que la mayoría de la ciudadanía no sandinista se sienta representada.

Estamos contra el tiempo y el trabajo a realizar es titánico, por la organización territorial que hay que desarrollar. El voto en las próximas elecciones municipales debe ser defendido con mística, con pasión y por verdaderos gladiadores. El FSLN va con todo, a provocar, a confrontar, a ganar y a robar votos. De allí la importancia de preparar a los militantes y simpatizantes para una eficiente defensa del voto.

Para lograr una unidad efectiva, es necesario que tengamos un alto ingrediente de audacia y desprendimiento patriótico, con dos propósitos y claros objetivos estratégicos inclaudicables: la promoción, defensa y consolidación de la institucionalidad democrática y poder generar un proyecto político con fundamentación programática y carácter estratégico a corto, mediano y largo plazo, como única forma y posibilidad real de convertir a Nicaragua en una verdadera república.

Esta unidad podría también ser la semilla y el inicio de la creación, planeación y estructuración de un gran partido nacional, alternativo al pacto y al bipartidismo.

Los partidos para cumplir su misión deben estar organizados democráticamente, y necesitan adaptarse a las realidades y objetivos de un país que avanza bajo un proceso de cambio hacia metas institucionales novedosas, que deben dar paso a una nación distinta, distanciada del atraso y la pobreza, utilizando a la política como un instrumento al servicio y en beneficio del bien común.

Creo firmemente que llegó la hora de dar inicio a la formación de una opción política distinta, fuerte, mejor y con verdaderos principios y valores no solamente políticos, sino éticos y morales. Esta opción representa una verdadera necesidad nacional y en ella deberá estar representada toda la diversidad de pensamiento como forma de enriquecer y elevar el nivel no sólo de participación, sino de discusión política. Esto marcaría con el bipartidismo existente, una clara y total diferencia tanto en actuación como en propósitos.

El reto histórico es de todos los nicaragüenses democráticos y consiste en romper el laberinto en que nos tienen atrapados el pacto y el bipartidismo, y poder producir esta anhelada opción. Su formación y desarrollo es tarea de todos aquellos que por convicción estamos interesados en una Nicaragua mejor para todos, pero de manera particular para la gente más empobrecida de este país.

Los buenos nicaragüenses que se han mantenido al margen de cualquier participación política, ya deben pasar de ser espectadores a verdaderos actores y todos los que creemos en la unidad debemos obligatoriamente pasar de la retórica y el discurso de unidad, a la acción. El tiempo se acabó y la democracia se nos está escapando de las manos, ojalá y no nos lamentemos después por la falta de unidad, y si podamos sonreír porque sucedió.

Allí esta el reto, demostremos que los nicaragüenses somos capaces de trascender sobre cualquier interés personal, sectario o partidario y formemos todos juntos esta opción con una actitud incluyente y sentido verdaderamente ecuménico, que represente el futuro ante el pasado, la sinceridad y la honestidad ante el engaño y la mentira, y la esperanza de este noble pueblo, ante la decepción.

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