Traer a la vanguardia un invento de 1947 parece ser una muy mala idea, a no ser que ese producto, por alguna razón, vuelva a ser moderno.
Es lo que ocurre con el filtro de agua Stéfani, una vieja invención, que es una especie de pieza de museo en la imaginación de los brasileños, y que ahora vuelve al mercado con un diseño futurista y completamente adaptado al concepto de la moda verde.
“Alguien puede echar uno de nuestros filtros en el fondo de su granja y no va a crearle ningún daño al medio ambiente, porque es de arcilla, no contamina, no gasta energía y es fabricado artesanalmente”, dice Gustavo Branco, director de Cerâmica Stéfani, quien asumió hace poco más de un año esta empresa familiar, con la misión de relanzar esta vieja tinaja de arcilla, donde se hace potable el agua turbia y de ríos.
Su contratación fue una decisión de la segunda generación de la empresa, tomada contra la voluntad de los octogenarios hermanos Stéfani, los inventores originales, para quienes el negocio ya funcionaba bien.
De alguna forma no se equivocaban. Conocidos por casi todos los brasileños por la marca São João, los filtros Stéfani llegaron a ser tan populares que las casas antiguamente se construían con un soporte de piedra especial para el filtro.
Su permanencia en el tiempo está en su diferencial técnico, un sistema patentado que la empresa llama Sistema de Purificación Sterilaqua, que convierte en cristalina cualquier tipo de agua dulce a través de un elemento filtrante, conocido en Brasil como vela. Revestida en plata coloidal, la vela tiene la cualidad de matar bacterias y otros microorganismos cuando entra en contacto con el agua. “La empresa revolucionó el mercado de filtros con un producto fantástico”, dice el economista brasileño Julio César Bellingieri, un estudioso del negocio de filtros de agua.
No obstante, la empresa tiene mucho que vencer para sacar adelante el negocio: a la imagen anticuada del filtro, a la competencia que tienen modernos purificadores de agua como Europa y Brastemp, así como a los botellones de 20 litros que funcionan en casas y oficinas apoyados en bebederos eléctricos. Según datos de la Pesquisa Nacional por Muestra de Domicilios (PNAD), del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), el porcentaje de domicilios con filtro de arcilla cayó de 57.2 por ciento en 1990 a 51.3 por ciento en 2004.
La compañía, a su vez, compite con cerca de 70 pequeñas y medianas empresas que producen la primera versión del filtro de arcilla, que no estaba patentada y que fue imitada por ceramistas a lo largo del país, razón por la cual Cerâmica Stéfani registró el resto de sus 36 líneas de productos. Según Bellingieri, la industria brasileña de filtros de arcilla produce cerca de 1.5 millón de piezas por año, de los cuales 35 por ciento son de Stéfani. La producción de velas filtrantes es de 12 millones de piezas al año, de las cuales 36 por ciento son de Stéfani.
Su eficiencia en el tratamiento del agua está garantizada con certificados nacionales que comprueban la reducción del cloro y la eliminación de bacterias. La prueba de efectividad del Instituto Adolpho Lutz de Brasil informa que este filtro elimina 99.88 por ciento de las bacterias. La empresa también colecciona clasificaciones máximas de institutos por el mundo: del Applied Research Laboratories of Florida, del Australian Government Analytical Laboratories, del Alcontrol UK, de Inglaterra; de J&HS Pattinson, de Sudáfrica; de la Universidad de Costa Rica, y de la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios, de México.
AL EXTERIOR
Stéfani vende sus filtros en modelos de cuatro a 16 litros. El más popular, el de seis litros, vale unos US$25. Aunque en Brasil aún no vence el estigma de ser “el filtro de la abuelita”, los resultados han impulsado a la compañía a buscar mercados en el exterior. La empresa, fundada hace 60 años en Jaboticabal, en el interior de São Paulo, exportó más de US$8 millones en 2006, equivalente a 10 por ciento de sus ventas, pero pretende llevar la cifra a 50 por ciento este año. Y ya embarca sus productos a más de 34 países, como Sudáfrica, Australia, Angola, Italia, Canadá, Inglaterra, Estados Unidos, Venezuela y se prepara para entrar en Japón.
Branco está convencido de que un buen posicionamiento en el mercado internacional ayudaría a traer la marca de vuelta a Brasil sin la imagen de objeto anticuado. Eduardo Tomiya, director de la consultora de marcas BrandAnalytics, concuerda en que esa puede ser una buena idea, recordando el caso de la empresa Alpargatas, que usó esa experiencia al relanzar, con éxito, las sandalias plásticas hawaianas.