Una concesionaria de vehículos paulista viene sacándole el jugo a un comercial que lanzó a comienzos de año. “Por qué nací bicho, baby”, se lamenta un muñeco de peluche, impotente frente a la vitrina de autos en oferta.
El anuncio se ha vuelto una popular parodia de lo que viene ocurriendo en las tiendas en los últimos seis meses. La cantidad de facilidades, descuentos y plazos para pagar trajeron de vuelta los buenos tiempos a la industria automovilística brasileña, que bate este año sus récords históricos de producción y ventas.
Las cuatro grandes montadoras del país —Fiat, Ford, General Motors y Volkswagen— ya revisan sus expectativas de crecimiento de ventas entre 17 por ciento y 20 por ciento, para alcanzar 2.2 millones de autos de paseo y livianos.
Con ese salto, las ventas de este año superarán las de 1997, considerado el año de oro del sector. Y el buen desempeño se debe principalmente al mercado interno, que creció 24.2 por ciento entre enero y mayo en comparación con el mismo período del 2006.
“Nuestros cálculos realizados a fines del año pasado indicaban un crecimiento a un ritmo menor, alrededor de 14 por ciento”, dice Jackson Schneider, presidente de la Asociación Nacional de los Fabricantes de Vehículos Automotrices (Anfavea) y también vicepresidente de RR.HH., Jurídico y Relaciones Institucionales de DaimlerChrysler Brasil.
Para Schneider, el fuerte ritmo se debe a las buenas condiciones macroeconómicas, combinadas con la caída gradual de los intereses, mayor volumen de crédito y la ampliación de los plazos de financiamiento, que ya son responsables por el 85 por ciento de las ventas.
“La economía mundial vive su mejor momento en los últimos tiempos y eso ha tenido un fuerte impacto en Brasil. Y cuando la economía crece, se tiene un fuerte impacto en la industria automotriz”, dice Ingo Fenslau, vicepresidente de T-Systems do Brasil, empresa de servicios de TI, que tiene entre sus principales clientes en el país a Volkswagen y DaimlerChrysler.
Pero el escenario es bien distinto al del boom de 1997, cuando el sector produjo dos millones de vehículos con apenas nueve fabricantes. Durante el lanzamiento de la línea 2008, el presidente de Volkswagen do Brasil, Thomas Schmall, celebró las perspectivas, y al mismo tiempo recordó: “Estamos optimistas con el futuro, pero demoramos 10 años para igualar las ventas internas que fueron registradas en 1997”.
Fue precisamente la euforia de ese año la que convenció a las empresas a invertir en el que sería el nuevo polo mundial automotor. De repente, ya no eran nueve, sino 22 las montadoras instaladas en el país. El sueño se esfumó poco después con crisis económicas en Brasil y Argentina, altos intereses y la retracción del consumo, una época que la gente del sector quiere olvidar.
Ahora los fabricantes parecen estar respirando nuevamente, después de ver las ventas caer en picada durante años. El sector comenzó a recuperarse en 2004, justamente un año después del lanzamiento nacional de los primeros autos flex, capaces de usar como combustible tanto gasolina como alcohol.
“Entre 2003 y 2007 la industria automovilística brasileña vendió 3.3 millones de unidades de vehículos flex. ¡Ese es el total de la capacidad de la industria automovilística entera!”, dice Charles Krieck, socio líder de la consultora KPMG. Basado en datos de un reciente estudio global de KPMG, realizado entre ejecutivos del sector, Krieck dice que uno de los principales puntos que incentivan hoy la compra de vehículos es la eficiencia del combustible. “Estamos viviendo un momento muy feliz con ese boom del auto híbrido”, dice. “Las personas tienen una alternativa de combustible y la tecnología permite que se use gasolina, alcohol, o ambos”.
BATIENDO RÉCORDS
Octava mayor industria automotriz del mundo, el sector (considerando también autopartes) recibió en Brasil US$35,000 millones en inversiones desde 1994 hasta 2006, según datos de Anfavea. Y con el nuevo aliento las ensambladoras anunciaron inversiones de US$6,000 millones, incluyendo lanzamientos de nuevos modelos y ampliación de plantas.
La ola de producción y contrataciones también crece en las cerca de 200 mil empresas vinculadas al sector, como proveedores de autopartes, aseguradoras y servicios. Según Anfavea, el sector genera unos 110 mil empleos directos y 1.5 millones indirectos.
Con el escenario macroeconómico favorable en Brasil y en el mundo, los especialistas y los fabricantes apuestan a que esta vez el crecimiento sea sostenible y logre perdurar.
“Nuestras perspectivas son positivas. Creemos que se trata de una tendencia firme de crecimiento que continuará este año y en los próximos, aunque sea en un ritmo menor que el actual. No hay nada en el horizonte que pueda indicarnos una discontinuidad”, dice Schneider, de Anfavea.
También en Argentina el ritmo de ventas es fuerte. Entre enero y mayo de este año se comercializaron más de 250,000 autos cero kilómetro, un 13 por ciento más que el récord de 1994.
En México, en cambio, el panorama no es tan alentador. En los primeros cinco meses del año las ventas sumaron 439,987, un 1.5 por ciento menos que en el mismo período del 2006.
Schneider advierte, sin embargo, que en el futuro la palabra clave para la industria local será “competitividad”, porque el escenario internacional se está alterando con la transferencia de inversiones a nuevos emergentes automotrices como China, India, Rusia y Europa del Este, que aumentarán la disputa por mercados e inversiones.
“Necesitamos políticas públicas y privadas que nos aseguren la competitividad estructural para la industria brasileña en los próximos años”, dice Schneider.
Ese es el mensaje que los ejecutivos del sector más le han llevado al Gobierno en el último año. A pesar de los números envidiables en el mercado local, los fabricantes reclaman que la devaluación del dólar está afectando las exportaciones, con una baja de 10 por ciento en los volúmenes exportados este año, según Anfavea.