El Presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, anunció que suspenderá el estado de excepción el 16 de diciembre, horas después de ser investido para un segundo mandato, esta vez como Jefe de Estado civil, tras renunciar a la jefatura de las Fuerzas Armadas.
Junto con su dimisión del cargo de Jefe Supremo del Ejército, el anuncio del levantamiento de la ley de emergencia instaurada el 3 de noviembre se interpreta como una concesión frente a las presiones de la comunidad internacional y de la oposición.
Estados Unidos, del que Musharraf es un aliado clave en su “guerra contra el terrorismo”, saludó la medida como un paso “en el camino hacia la democracia”, tras exigir el jueves por enésima vez el fin del estado de excepción antes de las elecciones legislativas y provinciales del 8 de enero.
Estas y otras presiones atenazaban al general, quien llegó al poder hace ocho años tras dar un golpe de Estado incruento.
La fecha de la suspensión de las medidas de emergencia coincide con el lanzamiento oficial de la campaña, por lo que se estima que puede ser una táctica de Musharraf para minar el terreno a los dirigentes de la oposición, algunos de los cuales boicotearán los comicios.
“He tomado la resolución de levantar el estado de excepción y de retirar el decreto constitucional provisional el 16 de diciembre”, afirmó el Jefe de Estado, anoche, en un discurso televisado.
A última hora de la mañana, Musharraf prestó juramento para un nuevo mandato de cinco años, tras ser reelegido el 6 de octubre por el parlamento y las asambleas provinciales salientes, que le eran muy favorables.
Vestido con una túnica negra tradicional, juró que velaría por el respeto de la Constitución y que haría cuanto le fuera posible para preservar y proteger la nación, durante una ceremonia en el palacio presidencial de Aiwan-e-Sadr, en Islamabad.
OPOSITORES DIVIDIDOS
“En realidad, hoy es un día histórico, es una etapa crucial en la transición de Pakistán hacia una democracia verdadera y completa”, agregó.
La oposición está muy dividida. Sus dos principales líderes, los ex primeros ministros Benazir Bhutto y Nawaz Sharif, quienes regresaron recientemente del exilio, no acaban de ponerse de acuerdo.
Sharif anunció que una alianza de partidos boicotearía las elecciones de enero y Bhutto confirmó que su formación participaría en los comicios aunque no descarta sumarse al boicot de otros grupos más adelante.
El foso entre la oposición y Musharraf se acrecentó cuando este último impuso el estado de excepción alegando que la justicia se entrometía en la acción del Ejecutivo.