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Un arreglo improbable, no imposible
Alberto L. Alemán AguirreAnalista de temas internacionales
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Sin un acercamiento, “una mezcla explosiva de tecnología iraní y de política estadounidense harán del 2008 el año más explosivo en tres décadas de confrontación”, dice el reporte especial del semanario The Economist.

Irán es hoy uno de los enemigos más acérrimos de Estados Unidos en el mundo, pese a la fanfarronada antiimperialista de Hugo Chávez. Sin

embargo, incluso entre semejantes rivales, un acuerdo es posible.

Al menos eso sugiere el reporte especial del semanario británico The Economist con sus predicciones para el 2008, titulado The World in 2008 (El Mundo en 2008).

“No es probable, pero tampoco es imposible”, sostiene un artículo del editor internacional de la publicación, Peter David. Ambos países podrían llegar a un acuerdo, dejar de competir por la dominación hegemónica en Oriente Medio y respetar sus respectivas áreas de influencia.

“Lo que hace posible un trato semejante es que las alternativas son extremas. Sin semejante acercamiento, una mezcla explosiva de tecnología iraní y de política estadounidense harán del 2008 el año más explosivo en tres décadas de confrontación”, escribe David. Como sabemos, el año venidero es el de las elecciones presidenciales en EE.UU. y el último de la Presidencia de George W. Bush.

De acuerdo a The Economist, Irán está cerca de dominar la tecnología de enriquecimiento de uranio, la antesala de la fabricación de la bomba atómica. Los expertos estiman que ya para el 2010 el país islámico podría disponer de un artefacto utilizable. Esto es un punto crucial hacia un viaje sin retorno.

Estados Unidos y Europa están tratando de evitar tener que enfrentar a un Irán nuclear. Si el régimen teocrático iraní es agresivo y arrogante sin la bomba nuclear, ¿se puede imaginar lo que haría ya con un par de ellas? Eso parece temer Occidente.

Por ahora, EE.UU. y la UE intentan presionar a Teherán con la diplomacia y las sanciones a través de la ONU para que detenga su programa nuclear.

No obstante, como reporta la prensa estadounidense, Washington considera y no descarta una opción militar. Esta podría tener inconsecuencias de mediano y largo alcance para la seguridad y la economía mundiales. Del mismo modo, Israel también podría emprender un bombardeo de las instalaciones iraníes, como lo hizo con el reactor nuclear de Osirak del Irak de Saddam Hussein en 1981.

Washington culpa a Irán de muchos de sus problemas en Oriente Medio: le señala de armar a los insurgentes iraquíes, patrocinar el terrorismo de Hezbolá en Líbano y le ve crecientemente como un poder regional que le disputa la influencia no sólo en Irak y en el Golfo Pérsico, sino que en toda la región de Oriente Medio, de acuerdo al análisis de The Economist.

El presidente Mahmud Ahmadineyad llama a “borrar del mapa” a Israel.

Del lado iraní, es probable que los ayatolas —los clérigos gobernantes— vean en todo esto no solamente un asunto de seguridad estratégica, sino además de sobrevivencia de su propio régimen. El apoyo popular ha disminuido debido a problemas económicos, pero hay un respaldo social muy amplio al programa nuclear, el cual es una cuestión de orgullo nacional.

“Ninguno de los lados perece deseoso de ceder. ¿Pero qué tal si ambos pudiesen llegar a un arreglo en el que ambos salven la cara?”, se pregunta David.

Estos países, enfrentados desde 1979 cuando triunfó la Revolución Islámica que echó abajo a la tiranía del Shah, un aliado de EE.UU., están negociando calladamente en Irak. De acuerdo a las versiones oficiales, solamente se trata de la guerra en el país árabe, no de otros tópicos.

¿Qué tienen en común los dos Estados? Más de lo que se piensa. Los dos quieren un Irak gobernado por un Gobierno chiíta de mayoría, no quieren un retorno al poder del Talibán en Afganistán, y un flujo seguro del petróleo por el Golfo Pérsico, asevera el análisis.

Decidí reseñar este artículo porque es necesario saber cuál es del debate en el exterior; la política de amistad con Irán de Daniel Ortega nos ha acercado a estos problemas.

No existen intereses estratégicos de Irán en Nicaragua. Estos están en Medio Oriente. La única relación que le importa es con Venezuela, un socio y aliado de la OPEP, un futuro centro de producción y venta de vehículos iraníes, además de millonarios acuerdos energéticos con Chávez.

A cambio de una ayuda cuyo grueso aún está por verse, nosotros ofrecemos a Teherán un apoyo a su postura internacional de desafío a la ONU, arriesgando las buenas relaciones con países amigos y nuestra imagen. Nos hemos prestado a ser una tribuna propagandística de Ahmadineyad en las barbas del “imperio”. En parte, esto parece resultar del pago político de Ortega al patronazgo chavista.

El Gobierno sandinista debe seguir con atención estos acontecimientos y aprender de las lecciones del pasado. Cuando la URSS emprendió la perestroika y Mijaíl Gorbachov se propuso la recuperación de la economía soviética, eso significó sacrificar clientes y peones tecermundistas en regiones no estratégicas para ellos. El flujo de armas y ayuda soviética para los sandinistas disminuyó en la segunda mitad de los años ochenta.

Si lo hizo la URSS, ¿por qué los ayatolas no se olvidarían de unos pobres peones del patio trasero por un acuerdo trascendental con EE.UU.? Improbable, pero no imposible.

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