Cada vez que uno piensa en un bateador puro, la imagen que nos viene a la mente es la de Tony Gwynn, el gran artillero de los Padres, que atrapó ocho títulos de bateo en la Liga Nacional.
Bueno, también pensamos en Wade Boggs o Pete Rose. Incluso, en Ichiro Suzuki, la máquina de batear hits que tiene Seattle.
Pero, ¿qué define al bateador puro? En primer lugar, su habilidad para hacer contacto con la pelota, aunque no necesariamente la saque del estadio.
Además, debe ser agresivo, con conocimiento de la zona de strikes, disponer de la capacidad para juzgar los envíos, ser disciplinado en el home, tener velocidad en el bate, con swing corto y compacto que va directo a la bola y la impacta duro.
Todo eso, por supuesto, debe al final reflejarse en un buen average, como ocurría con Gwynn, Boggs y otros toleteros en las Mayores.
Guardando la distancia, ¿quién reúne esas características a nivel nacional? Mi primera escogencia es Henry Roa, pero ya no juega. Y ante tal situación, creo que la mejor opción es Jimmy González, el antesalista de los Indios del Bóer.
Jimmy hace todo eso que hemos descrito y sus promedios ofensivos son los mejores desde que se regresó al bate de madera en el beisbol local.
En la primera campaña de Primera División con el retorno de la madera (1999 -2000), Jimmy se coronó líder de bateo con .388. Y después de dos campañas con averages de .314 y .367, se elevó a .405, el más alto average con madera.
Así que estrictamente con madera, batea .359. Y en la Profesional, tuvo average de .284 en el primer torneo, .275 en el segundo y .315 en el tercero. Ahora lleva XXX para un global .303 y es firme candidato al título de bateo.
González aún es joven y si logra concentrarse en su trabajo podría dar ahora el salto definitivo al estrellato. El talento está ahí, vamos a ver si lo complementa con disciplina al prepararse.