Del mismo modo que criticamos los errores del Gobierno y denunciamos sus abusos, también tenemos que reconocer sus aciertos, si es que verdaderamente los tiene.
En realidad, no todo lo que el Gobierno trata de acreditarse como un logro lo es en realidad. Cuando hablan de aciertos por lo general se trata de propaganda política, oropel en vez de oro. En la política gubernamental se miente como por oficio y el presidente Ortega es un maestro en la materia. De modo que hay que tener cuidado de no caer en la trampa del Gobierno, que siempre quiere aprovechar los medios para difundir su propaganda y sus mentiras.
Tenemos, por ejemplo, el cese de los apagones que anunció el Ministerio de Energía y Minas el martes de esta semana y los cuales, en lo que va del Gobierno de Daniel Ortega, aumentaron de manera desproporcionada en comparación con el Gobierno anterior. Según el titular de dicho Ministerio, ya no habrá más cortes del servicio de energía eléctrica, porque “los CPC le solicitaron al presidente Ortega una suspensión más pronta de los apagones debido a que mañana (hoy) comienzan los rezos de La Purísima, y para no afectar estas celebraciones religiosas, pues el Presidente orientó que adelantáramos el fin de los racionamientos” (LA PRENSA, miércoles 28 de noviembre, 2007).
O sea que se podía haber puesto fin al racionamiento energético desde antes, pero se hace hasta ahora porque los CPC así se lo pidieron al Presidente. Y por tanto no fue “casualidad” que este anuncio se hiciera dos días antes de que Daniel Ortega instalara oficialmente los CPC, dándoles carácter gubernamental pese al rechazo legal del Poder Legislativo.
De manera que es obvio el propósito del presidente Ortega de que la población, los empresarios y en general todos los perjudicados por los apagones, le agradezcan a los CPC por el cese del fastidioso y dañino racionamiento eléctrico.
En realidad, desde que andaba en campaña electoral, el año pasado, Daniel Ortega prometió que si ganaba la elección gracias al umbral del 38 por ciento que le facilitó Arnoldo Alemán, de inmediato pondría fin a los apagones. Y cuando tomó posesión de la Presidencia de la República, Ortega y el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, anunciaron que ya iban a resolver la crisis energética y que nunca más Nicaragua volvería a sufrir ese problema, gracias al solidario petróleo venezolano.
La ayuda petrolera venezolana vino, en efecto, pero no para favorecer al pueblo sino para que Ortega y sus allegados hicieran un lucrativo negocio particular por medio de Albanisa, una empresa supuestamente privada y supuestamente estatal, pero en todo caso tan turbia que hasta excluyeron de ella al alcalde sandinista de Managua, Dionisio Marenco, a pesar de que éste fue el promotor inicial de que viniera el “solidario” petróleo de Venezuela a Nicaragua.
O sea que no hay ningún logro gubernamental que se deba reconocer al Gobierno de Daniel Ortega, que ha sido hasta ahora el más incompetente, abusivo y opaco de los últimos 17 años.
Tampoco hay nada que agradecer a Hugo Chávez, porque el beneficio de la factura petrolera en términos concesionales no es para la nación sino para la familia gobernante y, en todo caso, para el partido FSLN. Y mucho menos que haya que agradecerle algo a los CPC, a los que el Gobierno y la propaganda oficialista quiere presentar como benefactores del pueblo, a fin de encubrir su verdadera naturaleza y funciones partidistas de espionaje social y persecución política.
Este Gobierno tiene más bien una cuota de culpa por la crisis energética que están sufriendo prácticamente todos los países del mundo que no producen petróleo, porque Daniel Ortega está aliado con los inescrupulosos gobernantes petroleros de Venezuela e Irán, los cuales, como es muy bien sabido, son los causantes de esa crisis mundial al haber elevado el precio del barril de petróleo hasta casi 100 dólares.
Incluso, Hugo Chávez ha amenazado con que lo subirán hasta 200 dólares el barril, supuestamente para perjudicar al “imperio” de Estados Unidos, pero en realidad para empobrecer más a pueblos económicamente débiles como el de Nicaragua.
De manera que con apagones o sin ellos, a Ortega, Chávez y los CPC no hay nada que agradecerles, sino más bien mucho que repudiarles.