|
|
|
|
 |
|
(Con La Colaboración de Amparo Aguiera)
|
|
|
|
|
El profesor de literatura jubilado Albert Baca había deseado un retiro como los de sus colegas estadounidenses: colmado de viajes a lugares exóticos, con mucho tiempo para leer sus libros favoritos y una salud de hierro respaldada por un buen seguro médico.
Pero como en el cuento de Las mil y una noches, los deseos de Baca se cumplieron a medias: su primer viaje de retirado lo hizo como paciente y no como turista, su seguro sólo lo cubrió parcialmente y, aunque tuvo tiempo para leer, tuvo que hacerlo no en una playa exótica como había soñado, sino en la cama de un hospital mientras convalecía.
Un inexplicable rechazo de su seguro médico obligó a Baca, a sus 77 años, a buscar atención médica para unas venas varicosas que estaban a punto de estallarle en la pierna derecha en un hospital de Costa Rica, donde felizmente no sólo lo atendieron “mejor que en cualquier hospital de Estados Unidos”, sino que se ahorró más de US$5,000 e hizo “un poquito de turismo”.
El drama del académico se repite diariamente en todo Estados Unidos y ha contribuido a alimentar el fenómeno que se ha dado en llamar “turismo médico” y que promete convertirse en una verdadera mina de oro para la industria médica latinoamericana.
MILES DE MILES
Sólo el año pasado más de 2 millones de “turistas médicos” salieron de Estados Unidos en busca de cirugías dentales, ortopédicas y cardiovasculares, entre otras, generando ingresos por el orden de los US$16,000 millones a los países receptores, de acuerdo con diversas fuentes consultadas por AméricaEconomía.
A diferencia de los viajeros médicos tradicionales, las “nuevas generaciones” de turistas de la salud se caracterizan por buscar tratamiento para padecimientos reales y no cosméticos, según el profesor Joseph Woodman, quien investigó extensamente el tema para su recién publicado libro Patients without borders.
Casi la mitad de esos pacientes viajeros fueron atendidos en México, contribuyendo a crear un saludable boom en la industria médica —y turística— mexicana, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Texas.
Otros países, como Costa Rica y Panamá, y en menor medida Colombia, Brasil y Argentina —especialmente en el área plástica—, también han sacado su tajada, pero los números allí son más difíciles de medir. El resto fue a parar al sudeste asiático, que lleva la delantera en la industria del turismo de la salud.
En México, varios grupos médicos trabajan afiebradamente en la expansión de sus instalaciones y servicios, que representan inversiones por el orden de los US$1,000 millones.
El grupo Christus Muguerza, propietario de unos 40 hospitales en Estados Unidos y seis en diversos estados mexicanos, es uno de los que lideran esta expansión. El conglomerado —de capitales mixtos, americanos y mexicanos—, está construyendo tres hospitales de 150 camas en Monterrey y Ciudad de México, con una inversión que asciende a US$150 millones.
A eso hay que sumarle la reciente construcción del Hospital Christus Muguerza Sur, en la ciudad de Monterrey, a un costo de US$45 millones, y la adquisición de nueva tecnología para la unidad cardiaca del Hospital de Alta Especialidad en la misma ciudad, a un costo de US$60 millones.
Este hospital es el único de México que ha sido certificado por la Comisión Conjunta Internacional (JCI, por sus siglas en inglés), que evalúa los estándares de atención médica de los hospitales de Estados Unidos.
La Certificación Dorada, recibida por Alta Especialidad, significa que el hospital se hace más atractivo a los pacientes y operadores de turismo médico norteamericanos.
“Si tenemos los mismos estándares que en Estados Unidos por qué no venir aquí, que es cerca y hasta un 40 por ciento más barato”, afirma Peter Maddox, vicepresidente senior de negocios de Christus Health, con sede en Texas.
Otras cadenas de hospitales internacionales también están tomándole el pulso al mercado con sus inversiones. International Hospital Corporation, propietario de cuatro hospitales en el interior mexicano y cinco en Brasil, está en plena construcción de un centro médico de 200 camas en Puebla y otro similar en Ciudad de México.
Según sus directivos, están en lista de espera para someterse al complicado proceso de certificación de la JCI, “lo cual debe ocurrir en el segundo trimestre del año entrante”, de acuerdo con Cliff Orme, principal ejecutivo de operaciones (COO) de International Hospital Corporation.
TAMBIÉN EN EL ISTMO
La transnacional también está construyendo un nuevo hospital en Florianópolis, Brasil, y adquirió el hospital CIMA de San José, Costa Rica, desembolsando unos US$250 millones.
Mientras, el Grupo Ángeles, de capitales ciento por ciento mexicanos y propietario de 14 hospitales en todo el país, también ha revelado su intención de construir seis nosocomios más con una inversión de aproximadamente US$300 millones.
La joya de la corona de Ángeles es el supermoderno Hospital de Tijuana, que se construyó con tecnología de punta y a un costo de US$70 millones, con miras a absorber a los turistas médicos que cruzan la frontera de ese lado del país, de acuerdo con un portavoz del hospital.
En Panamá, el lujoso hospital Punta Pacífica, que se concluyó recientemente a un costo de US$50 millones, en sociedad con la cadena hospitalaria Johns Hopkins de Estados Unidos, anunció la semana pasada una intensa campaña para marquetearse como una operación de turismo médico, en alianza con la distribuidora internacional de medicamentos South Seas Pharmaceuticals.
Su CEO, Carlos Barnes, está convencido de que Punta Pacífica, con sus 60 habitaciones privadas y 12 suites, además de sus buenas juntas, se convertirá en un “hub” médico regional. “Estamos en capacidad de dar servicios a Centro y Sudamérica y el Caribe, especialmente porque tenemos buenos socios como John Hopkins”, dijo Barnes.
En Costa Rica, uno de los más antiguos hospitales del país, Clínica Bíblica, expandió recientemente sus instalaciones creando un “edificio inteligente” con una inversión de unos US$70 millones.
Desde entonces el hospital ha enfatizado sus esfuerzos para atraer a los turistas médicos, según el profesor Woodman. El país centroamericano también está viendo crecer como la espuma los llamados “resorts de recuperación”, que son hoteles con personal médico para atender a los convalecientes huéspedes. Algunos de estos resorts son de cinco estrellas, como Las Cumbres Inn y Villa Lemas, en el exclusivo barrio de Escazú, y Chetica Ranch, en las afueras de San José.
Y SEGUIRÁ CRECIENDO
El boom de inversiones en el llamado “turismo médico” responde a un diagnóstico favorable, ya que este segmento desde Estados Unidos hacia Latinoamérica “explotará”.
Según el doctor David Warner, profesor de la escuela Lyndon B. Johnson, de Asuntos Públicos de la Universidad de Texas, las compuertas del turismo médico se abrirán cuando las aseguradoras de Estados Unidos y el propio gobierno federal empiecen a incluir en su cobertura de salud tratamientos médicos en el exterior. “Es algo que no está muy lejos de suceder”, dice Warner.
Y es que, hasta el momento, los principales usuarios de los servicios médicos en el exterior son los estadounidenses que no tienen seguro o cuya cobertura es limitada.
Pero si los retirados, usuarios del seguro federal Medicare, y los millones de asegurados privados de Estados Unidos tienen la posibilidad de tratarse en México, Costa Rica o Panamá “es una opción que les conviene tanto a asegurados como aseguradoras, porque ambos ganan con costos de tratamientos 40 por ciento más baratos del otro lado de la frontera”, afirma el académico.
Warner, quien lideró un programa piloto sobre la expansión internacional de Medicare, añade que al gobierno federal no le quedará más remedio que revisar su cobertura en vista de los crecientes costos médicos en el país, una iniciativa que las aseguradoras privadas ya están estudiando. Según fuentes de la industria, varias compañías importantes están mirando seriamente la posibilidad de empezar a incluir el turismo médico como parte de su cobertura.
Los principales peros de las aseguradoras es la calidad del servicio en el exterior. Pero si esos puntos se resuelven satisfactoriamente para ambas partes, “entonces sí se abrirían las compuertas del turismo médico”, según afirma Ori Karev, CEO de United Healthcare International, cuya matriz provee pólizas de salud a unos 70 millones de personas. “Estamos activamente analizando todos los aspectos del turismo médico y definitivamente nos interesa, siempre y cuando el arreglo sea beneficioso para todos”, afirma Karev.
Eso explica, en parte, la carrera de los hospitales por conseguir la compleja certificación de la JCI, la comisión que vela porque se cumplan internacionalmente los mismos estándares de atención que tienen los hospitales de Estados Unidos.
De hecho, la calidad de la atención en el exterior es una de la principales inquietudes de los turistas médicos, de acuerdo con Stephanie Sulger, directora de Medical Tours International, una operadora con sede en Nueva York, que ha llevado a miles de pacientes norteamericanos a hospitales de Panamá, México y Costa Rica.
“Les cuesta trabajo creer que en muchos casos la atención y los doctores latinos son mejores que los que puedan encontrar aquí en Estados Unidos”, afirma Sulger, una enfermera gringa graduada en Costa Rica y Estados Unidos.
Sulger es el vivo ejemplo de una solución práctica al problema de la certificación de la JCI, que puede tardar años.
(c) 2007, AméricaEconomía. Todos los derechos reservados.