Recién pasadas las elecciones del 2006, el semanario de LA PRENSA de humor político, El Azote, decidió cambiarle el apodo a Ortega y de Piñatín lo pasó a llamar Comandante 38 por Ciento. Pero a seis meses de su gobierno un nuevo apodo irrumpió en la jerga del humor político: Comandante Disparate.
Yo no voté por Ortega pero como nicaragüense me causa tristeza que al Presidente de mi país se le conozca como Comandante Disparate. Vale la pena preguntarnos: ¿lo merece? Permítanme compartir este breve análisis para dilucidar la validez o no del citado apodo.
¿Promueve Ortega la cooperación internacional? Nicaragua, desde 1979 vive de la caridad internacional. Cada año, desde entonces, los países capitalistas desarrollados: a) nos han regalado 400 millones de dólares. b) Nos han concedido créditos concesionales por 400 millones de dólares. Pero además en varios países capitalistas viven más de un millón de nicaragüenses, que todos los años nos envían más de 800 millones de dólares en remesas familiares que hoy por hoy son un pilar fundamental para sostener los niveles de vida de las grandes mayorías.
Estados Unidos es nuestro principal socio comercial adonde dirigimos el 35 por ciento de nuestras importaciones y exportaciones. Son esos cheles quienes más nos envían gratuitamente médicos, medicinas, ayuda alimentaria, etc. El principal programa de donación, Reto del Milenio, es made in USA. En síntesis, Estados Unidos, Japón, Canadá, la Unión Europea y Taiwán, entre otros, son los que han permitido que el nivel de vida de este pueblo no sea más miserable. La ayuda de Chávez ni se nota a no ser en las cuentas bancarias de la nomenclatura orteguista.
El hecho de que el presidente Ortega llamara en la ONU a los países capitalistas desarrollados como, explotadores, asesinos, etc., ha provocado malestar al grado que un representante de la Unión Europea expresara que el discurso de Ortega, era históricamente el peor discurso pronunciado en ese foro. El actuar de Ortega en la Cumbre Iberoamericana peleándose con los gobernantes españoles por actos ocurridos hace más de 500 años, es una clara muestra de que nuestro Presidente vive en el pasado, sobre todo cuando hacía 15 días la Vicepresidenta de España nos acababa de condonar más de 30 millones de dólares en deuda externa y se comprometía a generosas donaciones. Por eso es obligada la pregunta: ¿Ortega promueve o desmotiva la cooperación internacional?
¿Atraer o ahuyentar las inversiones? El principal problema de Nicaragua es la pobreza. El 80 por ciento de nuestros ciudadanos vive en pobreza y pobreza extrema. Lo contrario de la pobreza es la riqueza. La única manera de acabar con la pobreza es produciendo riqueza. Y para producir riqueza se necesita necesariamente inversión. Este pueblo es pobre y necesita obligatoriamente de la inversión extranjera.
Sin inversión nunca habrá desarrollo. Pero el presidente Ortega lo primero que hizo fue amenazar al presidente del Cosep en su supuesta relación con Polaris. Enseguida hizo lo mismo con Unión Fenosa, le siguió Glencore, fustigó a los empresarios nacionales y en plaza pública denigró a los banqueros y a las microfinancieras. Y luego lanzó improperios contra los inversionistas de zonas francas.
Una noche, como en la década de los ochenta, se tomó las instalaciones de la ESSO bajo pretextos totalmente ilegales, alegando “sagrados intereses nacionales” que terminaron favoreciendo a una empresa privada llamada Albanisa, que es quien se está enriqueciendo, entre otros, con el petróleo venezolano.
Nicaragua recibe 250 millones de dólares en inversión extranjera directa, mientras nuestros vecinos reciben más de 1,000 millones de dólares por año. Hoy en día, con darle un clic al mouse un inversionista transfiere millones de dólares de Taiwán a Sao Paulo o a cualquier parte del mundo. Y los inversionistas están en donde hay respeto a las leyes, libertad: económica, de prensa, de expresión y organización, respeto absoluto a la propiedad privada, democracia y oportunidades de ganar dinero. Ortega ¿promueve la inversión? o ¿la ahuyenta?
Insensibilidad social. Ortega prometió cero desempleo. Hasta el día de hoy no hay un solo programa, plan, política, ley o decreto que haya generado empleos. Este año 80,000 nuevos nicaragüenses han entrado al inmenso ejército de desempleados. El combustible está más caro que nunca a pesar de la “enorme solidaridad de Chávez”. Estamos sin energía eléctrica el 40 por ciento del tiempo que estamos despiertos, sin agua la mitad del día y para colmo, los frijoles están a 18 córdobas la libra, cuatro veces más cara que el año pasado. El arroz, el plato de comida, el gas, etc., están por las nubes y, asústense, la prioridad de Ortega es las reformas constitucionales para perpetuarse en el poder.
Por eso estoy totalmente claro que el apodo de Comandante Disparate se lo tiene muy bien ganado. Y nosotros, ¿qué apodo nos merecemos por tener este Presidente? ¿Y más aún por seguir divididos?