Johan Santana es el lanzador que todos los equipos desearían al inicio de su rotación.
Y ahora que viene (del 3 al 6 de diciembre) la reunión de los dueños de clubes de Grandes Ligas en Nashville, Tenneessee, su nombre está de primero en las listas de deseos.
Pero no siempre fue así.
Este zurdo, nacido hace 27 años en Tovar, Mérida, Venezuela, fue firmado por los Astros en 1995 y su desempeño era tan inconsistente, que no lo protegieron y los Marlins se lo llevaron en 1999.
Florida invocó la Regla 5 (jugadores con cinco años en las Menores que no han subido a Grandes Ligas ni son del róster de 40) y lo tomó sólo para cambiarlo el mismo día a Minnesota por Jared Camp, quien nunca llegó a las Mayores, pese a luchar durante ocho años en las Ligas Menores.
Para el momento en que es ascendido a las Grandes Ligas, en el 2000, Santana era un tirador con una discreta marca de 20-20 y 4.78 en las Menores. Pero los Mellizos fueron pacientes.
Pasaron por alto un récord de 2-3 y 6.49 en aquel primer año, mientras lesiones e inconsistencias reducían su labor a 1-0 y 4.74 en el 2001. Pero en el 2002 insinuó que tenía pulso.
Ese año cerró con 8-6 y 2.99, más 137 ponches en 108.1 entradas. Sus progresos fueron más visibles en el 2003, cuando registró 12-3 y 3.07, con 169 abanicados en 158.1 innings.
Y en el 2004 dio su gran salto a la grandeza al cerrar con 20-6 y 2.61, y el agregado de 265 ponches en 228 episodios, más su primer premio Cy Young.
Desde entonces se ha mantenido en la cima y se ha ganado la distinción de ser el mejor lanzador del beisbol. En el 2006 ganó otro Cy Young al acumular 19-6 y 2.71 con 245 ponches en 233.2 entradas.
Este año, su rendimiento bajó a 15-13 y 3.33, pero su reputación está intacta. Los Yanquis andan tras él, pero no será fácil sacarlo de Minnesota. Todos lo desean.