Ahora sí. Creo ser el primero que ha encontrado algo en común entre el dramaturgo inglés William Shakespeare y nuestro mandatario, el compañero-comandante-pueblo-presidente-Daniel.
Tal vez la comparación debería ser entre Ortega y Julieta. O entre Julieta y nuestra Primera Dama, doña Rosario Murillo, pero como Julieta es un personaje, no una persona, prefiero comparar a Ortega con Shakespeare, que al fin y al cabo es quien le da vida a Julieta.
¿En qué se parecen? me preguntarán. En que ambos, Ortega por sí mismo y Shakespeare a través de Julieta, pretenden cambiar una realidad incómoda para lograr un objetivo —en el caso de Julieta y ojalá en el caso de Ortega— imposible.
En la famosa obra Romeo y Julieta hay un pasaje en el que la joven, al conocer a Romeo, queda flechada, pero se desespera cuando se entera que su amado es un Montesco, la familia enemiga de la suya, los Capuleto.
En ese pasaje ella tiene una también famosa frase (y aquí voy de nuevo con mis torpes traducciones) ella dice al enterarse que lo único que la separa de Romeo es el apellido que llevan: “¿Qué es un nombre? aquello que llamamos una rosa igual dulzura tendría con cualquier otro nombre”.
A ella no le importa si Romeo es Montesco o tiene cualquier otro apellido, lo ama y lo quiere tener.
Bueno, ahí está el parecido. ¿Qué pierde nuestro compañero-comandante-pueblo-presidente-Daniel cómo se llame el sistema de gobierno en nuestro país mientras lo mantenga en el poder?
Por eso es que lo vemos dando bandazos. Primero habla de democracia directa y participación ciudadana. Claro, siempre y cuando esa democracia directamente le garantice el poder y esa participación ciudadana se traduzca en obediencia a sus deseos.
Pero igualmente después promueve el sistema de gobierno parlamentario. Él dice que el sistema presidencial está agotado. Él, entre todas las personas, que fue quien promulgó en 1987 una Constitución de las más presidencialistas imaginables.
Pero ahora, como eso es injustificable ante la sociedad, pues el parlamentarismo, donde puede reelegirse tanto como Presidente que como Primer Ministro, cada vez que quiera, le viene de maravilla.
De nuevo la salvedad, siempre y cuando esos parlamentarios obedezcan al compañero-comandante-pueblo-presidente-Daniel, porque si están ahí para rebelarse y unirse en contra de sus deseos entonces no son representantes del pueblo, sino “rezagos” del somocismo, como dijo en San José, Costa Rica el jueves, aunque yo creo que quiso decir “resabios”.
Así que puede llamarse Democracia Directa, Participación Ciudadana o Parlamentarismo, pero mientras garantice que él se mantiene en el poder, no hay ningún problema.
Nuestro compañero-comandante-pueblo-presidente-Daniel podría exclamar: “¿Qué es un nombre? aquello que llamamos poder absoluto y eterno igual dulzura tendría con cualquier otro nombre”.
¿Quién iba a decirlo? Nuestro propio compañero-comandante-pueblo-presidente-Daniel, ¡un consumado shakesperiano!