1.- Del “Manifiesto de San Albino”:
“El hombre que de su patria no exige un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído, y no sólo ser oído sino también creído”.
2.- De Maldito País, de José Román:
“En la mañana del tres de febrero el pueblo entero de Managua pedía a Sandino con locura. Que se dejara ver. Que querían hacerle una manifestación monstruosa…
Se lo dijeron al General y él contestó:
“Las manifestaciones sirven para las propagandas políticas y para prometerle al pueblo. Yo no tengo nada que prometerles. He trabajado y luchado por el pueblo sin decírselo y sin que me miraran. Además no me gusta llamar la atención. Se lo agradezco en el alma al pueblo de Managua, pero ahora no es tiempo de eso. Otro día”.
Tuve el privilegio que muy pocos nicaragüenses han tenido de visitar el mineral de San Albino, en el departamento de Nueva Segovia, lugar que por su importancia histórica en la gesta del General de Hombres Libres debería estar resguardado, protegido y convertido en un sitio de visita para estudiantes y turistas nacionales y extranjeros. Desde este sitio el General lanzó su Manifiesto cuyo primer párrafo trascrito arriba, cae lapidariamente sobre quienes han usado y abusado de su nombre y de su legado para vilmente enriquecerse a costas del sacrificio de miles de nicaragüenses...
“…El hombre que de su Patria no exige un palmo de tierra” es una voz que se reproduce en cada caso de despojo, latrocinio, demagogia, hipocresía que en su nombre se realiza, pero es a la vez una voz de denuncia de quienes honraron su memoria con posiciones consecuentes con sus principios.
Esa afirmación: “Yo no tengo nada que prometerles...” refleja a una persona despojada de todo interés mezquino en el poder y da la medida de una personalidad íntegra, revolucionaria en el sentido ético de la palabra, muy al estilo de Ernesto Guevara que llegó hasta las últimas consecuencias ofrendando su vida por sus convicciones.
Estos “revolucionarios” (¡!??) de ahora quieren ser parte de las burguesías locales, tal vez pretendiendo construir su socialismo con los dólares del capitalismo.
Al contemplar el mineral abandonado, derruido, las máquinas, muros y arranques de piedra y cemento testigos de la acción de este gigante, que se alzó en 1927 contra un pacto espurio para los intereses de la soberanía nacional, pareciera que se olvidaron de los valores primigenios que defendió, pues su valor fue utilitario y mercantilista.
Sandino fue un instrumento, un medio, no un fin, su legado quedó entre los hierros viejos y retorcidos del Mineral de San Albino mientras su testimonio ha servido para engrosar cuentas personales y darle “movilidad social” a quienes en el pasado repudiaban el “nicaraguan way of life” de la burguesía criolla.