Desde ya está abierta la invitación para aventurarse en un viaje de placer, ocio y conocimiento, que puede ser decisivo para la preservación de especies amenazadas de extinción.
Con la propuesta de un turismo ecológicamente consciente, el refugio de vida silvestre Río Escalante-Chacocente, invita al visitante no sólo a conocer las bellezas de una reserva natural de 4,654 hectáreas en la costa del Pacífico-Sur de Nicaragua, sino que le permite conocer el proyecto de conservación de tortugas marinas que todos los años llegan a la playa para anidar.
A la vez, el viajero contribuye con las comunidades de la región, que dejan de comercializar los huevos de tortugas y ahora tienen el ecoturismo como su fuente principal de ingresos.
Los paquetes turísticos son organizados en camionetas desde Santa Teresa, en Carazo, y después de pasar por montañas, ríos y escenarios naturales exuberantes, se llega al refugio de vida silvestre, ubicado entre los departamentos de Carazo y Rivas, a 80 kilómetros de la capital nicaragüense.
Para ver el fenómeno del anidamiento masivo de tortugas se necesita de suerte.
Suelen llegar por la noche, entre los meses de julio y enero, y cada una anida un promedio de cien huevos en la arena.
“Sabemos que depende de la fase de la Luna. En agosto tuvimos 18,800 tortugas que anidaron en la playa, cuando la Luna estaba en cuarto menguante. Pero pueden llegar cualquier día y a cualquier hora”, explica Alexander Carballo, uno de los veinte guardabosques que vigilan la reserva.
El visitante se acomoda en la estación biológica de Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales de Nicaragua (Marena), donde hay un albergue rústico, y mientras espera el horario de visita a la playa —que va de las 9:00 de la noche a las 2:00 de la mañana— acuden a una charla de un especialista sobre el ciclo de vida de la tortuga y los proyectos de conservación en la reserva, como el de educación ambiental con la población local para evitar la extracción y comercialización de huevos.
Tras la cena, llega el momento del posible encuentro con una de las cuatro especies de tortugas marinas que anidan en Chacocente, entre ellas la tortuga Paslama (Lepidochelys olivacea), en la actualidad en peligro de extinción.
Las linternas iluminan el camino y después de un kilómetro de caminata se llega a la playa. La noche tiene clima agradable, las fuertes olas invaden la arena y hacemos un recorrido para ver si se logra encontrar el reptil.
Sin embargo, ninguna sola tortuga vino para el desove. La coordinación de la reserva cree que el próximo 30 de noviembre, cuando la Luna estará otra vez en cuarto menguante, habrá el anidamiento masivo de tortugas.
De repente, para la sorpresa y emoción de los visitantes, se ven pequeñas tortugas arrastrándose sobre la arena hacia el mar y de los nidos se miran salir a decenas de tortuguitas que al final se toman gran parte de la playa. A pesar de la dificultad de caminar sobre la arena, las pequeñitas siguen su instinto de supervivencia para llegar al agua.
“Con pocos minutos de vida, las tortuguitas rompen el cascarón después de aproximadamente sesenta días de incubación. De cada cien neonatos, solamente uno llega a la fase adulta, porque siguiendo la cadena alimenticia, ellas sirven de alimento para muchos animales, como zopilotes, cangrejos y tiburones”, señala Sonia Mota, responsable por el refugio de vida silvestre Río Escalante-Chacocente.
Además del espectáculo de las tortugas, el visitante también tiene la oportunidad de conocer el bosque tropical seco que rodea la playa.