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Cristina y Lula
Por Danilo Arbila
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Si el viento no cambia, en poco tiempo las tareas que cumplían por la región el FMI y algunas de las “siete hermanas” del petróleo, quedarán a cargo del Banco del Sur (BDS) y la brasileña Petrobras (quizás le toque un pequeño papel a PDVSA, siempre y cuando ponga dinero cada vez que se le exija).

Es probable, a la vez, que en las pancartas de las manifestaciones populares de campesinos, obreros y estudiantes aparezcan estas nuevas siglas, respaldadas por el grito de “fora, fora” de América del Sur.

Esta visión, sin embargo, puede variar en el caso que se frenen los efectos de la revolución “neoliberal” en la China y la India, que suben los precios y que son el soporte de los gobiernos antineoliberales neopopulistas y progresistas de la región.

w BUENAS RELACIONES

Por ahora, y mientras tanto, Cristina y Lula —las buenas relaciones eximen de alargar nombres y anteponer títulos— ratificaron en Brasil que el Mercosur es sólo un sello, al que los dos grandes países han utilizado para someter a los dos más pequeños —Paraguay y Uruguay— para que no interfieran en sus relaciones bilaterales y en el manejo de la región, y para que, muy especialmente, no se transformaran en cabezas de puente para “intereses” que vengan de otras partes.

En la reunión se comprometieron a ahondar las relaciones binacionales “mas allá del Mercosur” y por fuera del Mercosur, como ha sido siempre.

La sigla sí les ha servido para condicionar a los otros dos miembros y en oportunidades negociar en nombre de la región, particularmente Brasil que es el que, notoriamente, no sólo inventó esta asociación sino que es el que mejor provecho le ha sacado.

No se sabe si, además de nombrar comisiones y acordar reunirse dos veces por año, Cristina le puso algún freno a los manejos brasileños y si consiguió algo concreto, fuera de promesas y postergaciones, para equilibrar el comercio entre ambos países, el que es muy favorable a los norteños.

w BRÍOS AL BANCO DEL SUR

La reunión sirvió para ratificar y dar mas bríos al Banco del Sur, cuya acta de creación será firmada en Buenos Aires el 9 de diciembre.

Con esta institución, cuyos popes serán Brasil, Venezuela y Argentina, quedará en desuso el Mercosur.

Probablemente muchas cosas comenzarán a digitarse desde allí, con todo el poder disuasivo que implica manejar “la caja”.

La etapa siguiente será transformarlo en una especie del FMI del Sur que, como lo hacía el “Fondo”, elaborará y fijará “las recetas” que deberá aplicar cada gobierno, exceptuados los tres “inventores” del sistema.

Por supuesto que no todo es soplar y hacer botella. Es muy posible que Argentina, con el kircherismo al frente, siga aceptando el rol de “vagón de cola”, pero la lucha entre Itamarati —cancillería brasileña— y Chávez por conducir la locomotora generará mucho vapor y poco humo blanco.

Mientras tanto Brasil juega sus otras cartas. En las conversaciones para fortalecer y ampliar el Parlamento del Mercosur puso sobre la mesa la idea de que en la composición de este cuerpo se aplique un estricto sistema representativo en función de los habitantes-electores de cada país miembro. Esto le daría la mayoría absoluta a los brasileños. Así de simple.

En otro campo juega Petrobras. El ente petrolero brasileño favorecido con el hallazgo de un enorme yacimiento y ubicado como una de las cinco firmas más “valiosa” a nivel mundial, avanza en la región.

Ha conseguido apaciguar a Evo Morales y no perder el gas; instalada hace muy poco en Uruguay crece a pasos agigantados y en Argentina planea comprar, en estos días, los activos de Esso e invertir dos mil 800 millones de dólares en los próximos cinco años.

Seguramente estos dos últimos “temitas” deben haber sido parte de la agenda de Lula y Cristina.

El futuro aparece, entonces, como bastante definido, claro y cierto. Pero, también, como se dijo, dependerá de los “buenos precios” de las materias primas y de la continuidad de un ciclo ya bastante largo y al, mismo tiempo, del nivel de “entendimiento” entre Chávez y su sueño de reencarnarse en Bolívar y Fidel a la vez, Itamarati y sus afanes imperiales, sea Lula o cualquier otro el presidente, y los Kirchner, empresa que tampoco es fácil aunque se traten de tú y se llamen por su nombre de pila o por algún otro sobrenombre más cordial y progresista.

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