La segunda negociación para fijar el nuevo salario mínimo nacional concluyó ayer, luego de cuatro horas de duración del encuentro, con más divergencias entre los mismos sindicalistas en torno al ajuste que plantean y con un claro distanciamiento del sector privado respecto a las propuestas de los trabajadores.
Incluso, el sector privado teme que el nuevo salario mínimo resulte nuevamente de una imposición entre el Gobierno y los sindicatos afines, tal como ocurrió en mayo cuando el ajuste alcanzó el 18 por ciento.
Mario Zelaya, vocero del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) en la negociación, indicó que aún no presentan una propuesta de incremento en el salario mínimo, ya que están a la espera de que el Banco Central de Nicaragua (BCN) les facilite más información económica para lanzar su propuesta.
Sin embargo el presidente del Cosep, José Adán Aguerri, adelantó el miércoles pasado que lo que puede “sostener” el sector privado es un aumento del 10 por ciento.
El Gobierno tampoco presentó propuesta alguna en torno al ajuste del salario mínimo, pese a que estuvo representado por técnicos del Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP) y del Banco Central de Nicaragua (BCN).
La titular del Ministerio del Trabajo (Mitrab), Jeannette Chávez, no quiso hablar con los medios de comunicación, aduciendo que “no tenía nada que decir pues en el encuentro no habían resultados”.
El secretario del MHCP, Iván Acosta, quien también representa al Gobierno en la negociación, no asistió al encuentro.
SINDICATOS DIVIDIDOS
Mientras, los sindicatos se mantuvieron divididos en sus propuestas.
Luis Barbosa, uno de los líderes del gubernamental Frente Nacional de Trabajadores (FNT), refirió que mantienen la propuesta de establecer un solo salario mínimo y un incremento del mismo que asegure la cobertura del ciento por ciento de la canasta básica de 53 productos, que reformulada suma un costo de 7,400 córdobas.
Zelaya dijo que no es posible establecer un solo salario mínimo. Actualmente existen nueve para igual número de sectores económicos, porque la diferencia que hay entre ellos es “muy grande”.
“Vamos de 1,300 a poco más de 2,300 córdobas actualmente (en el rango salarial entre un sector y otro). Fijar un único salario mínimo se puede ir dando de forma gradual”, agregó.
Entretanto, algunos sindicatos del Congreso Permanente de Trabajadores (CPT) propusieron dolarizar el sueldo mínimo y ajustarlo según la inflación y el crecimiento económico, lo cual se haría gradualmente a lo largo de cinco o siete años.
Poco antes de realizarse la segunda ronda de negociación del salario mínimo en las instalaciones del Mitrab, el presidente del Cosep, José Adán Aguerri, sugirió establecer un mecanismo de cálculo a través del cual se sumaría a la inflación acumulada de este año, que oficialmente se proyecta en 14.5 por ciento y el porcentaje de crecimiento de cada sector de la economía.
Aguerri insistió en que, si se aprueba un incremento de salario mínimo arriba del 10 por ciento, ello afectará a las empresas, ya que algunas podrían cerrar operaciones o bien disminuir el número de empleados. “El resultado será un mayor desempleo en el país”, recalcó.
También dijo que lo que se originará, de seguir la discusión del salario mínimo a como está, será una imposición porque tendrá que ser el Gobierno el que decida con sus sindicatos afines el nuevo salario mínimo, tal como ocurrió con la anterior negociación.