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Y entonces no había ninguno
Eduardo Enríquez

Estuve tentado de titular la columna con el nombre estadounidense de esta novela de Agatha Christie, And then there were none porque supongo que ese título es mucho más conocido, pero también me pareció que iba a lucir demasiado pretencioso. Además, al fin y al cabo el idioma en que está el título de la columna es lo de menos.

Recordé la novela de Agatha Christie anoche, cuando me enteré de la renuncia “por motivos de salud” (tienen que empezar a ser más creativos) de la hasta ayer jefa de la bancada sandinista en la Alcaldía de Managua, la concejal Rosa Emilia Guido. La “renuncia” viene casualmente días después que la señora Guido decidió abstenerse a la hora de votar para elegir al vicealcalde de Managua.

Ella tenía que elegir entre el candidato de la Primera Dama, Rosario Murillo, el concejal Edgardo Cuarezma, o Felipe Leiva Orochena, el candidato del Alcalde de Managua, Dionisio Marenco, que al final ganó.

Guido se abstuvo y obviamente lo único que está mal de salud es su relación con la señora Murillo, que ha prácticamente desarticulado el otrora llamado Círculo de Hierro de Ortega y ella se ha convertido en la Dama de Hierro, que se ha colocado detrás, al frente, a la par y encima del compañero-comandante-pueblo-presidente-Daniel.

Pero el tema del título de la novela de Agatha Christie se me vino a la mente porque este no es el primer caso. Este gobierno tiene ya el récord de destituciones —y destituciones humillantes — de funcionarios de todas las tallas y de gente que no es sandinista de ayer, sino que es gente de trayectoria dentro de esa organización.

Aunque estemos o no de acuerdo con las políticas de ese partido, hay que reconocer que esa trayectoria, para ellos ha sido la entrega de toda una vida, y se les borra de un plumazo, se les elimina sólo por no compartir las ideas de la esposa del compañero-comandante-pueblo-presidente-Daniel.

Así, como los 10 personajes de la novela detectivesca de Christie, han ido desapareciendo uno a uno todos los que se oponen o quieren obviar el poder omnímodo de la señora.

Ahora, los movimientos del gabinete han sido destituciones. Y al fin y al cabo, influenciado o no por su esposa, es potestad del mandatario despedir a sus subordinados cuando le dé la regalada gana. Pero lo que está sucediendo con la rebelión en la Alcaldía está haciendo añicos la autonomía municipal, y lo que es peor, nos obliga a preguntarnos ¿qué les dirán a estas personas para que renuncien de una manera tan fulminante a un posición en la que fueron colocados por el voto popular.

Qué les ofrecerán, o qué tipo de amenazas les harán, como denunció el mismo Alcalde Marenco, un hombre con 40 años de participación en el Frente Sandinista y que de la noche a la mañana pasó a se r “traidor”.

Pero con cada “caída” el repuesto llega con la convicción de que su permanencia en el cargo dependerá de la obediencia a la Primera Dama o también serán borrados del organigrama y de todos los beneficios que estar ahí trae. Al final se vuelve una lealtad y una obediencia del diente al labio.

Alguien me decía hace algunas semanas que con el nivel de centralismo de esta administración y debido a que el rasero con que miden a sus colaboradores es la obediencia, por encima de la capacidad o la preparación, entonces, tarde o temprano esta administración va a colapsar, pues ese sistema trae en sí mismo la semilla de su propia destrucción. Al final, como en la novela... no habrá ninguno. Al menos ninguno verdaderamente leal.

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