publicidad
Managua
07:04 am
17.11.07
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Opinión
Mis directores de teatro fallecidos
Evelyn Martínez
La autora es Primera Actriz Nacional y cantante.
publicidad

Hace 42 años vino invitado por la Comedia Nacional de Nicaragua, el que sería mi primer director de teatro, el mexicano César Sobrevals. Yo solamente tenía 17 años y era estudiante egresada del 2do. Curso de Declamación y Teatro fundado por doña Socorro Bonilla Castellón. César me probó en todos los personajes femeninos que estaban asignados para las debutantes y decidió asignarme el papel de la criada Felisa, en la obra de Alejandro Casona Los Árboles Mueren de Pie, que tuvo gran éxito. César no solamente me dirigió en teatro sino que me inició en la disciplina de la televisión como su asistente en el primer programa que se hizo al aire libre El Rancho de Sobrevals y en el primer concurso de Miss Universo en el que doblamos, en vivo al español, las voces de los presentadores y concursantes en el Canal 2. También trabajé con él como parte del Cuadro Dramático de Radio Mundial a finales de los años sesenta. César permaneció en Nicaragua desde 1965 dejando el país a causa del terremoto en 1972.

En 1970 Alberto Icaza, quien fue el fundador y director del grupo TEU de León, fue designado por la directora del Teatro Nacional Rubén Darío, señora Amelia Tramonti, para dirigir la primera obra que se montó con artistas nacionales en la Sala Mayor de este e hizo una convocatoria a los distintos grupos de teatro existentes, escogiéndome para personificar a Rosita, en Doña Rosita La Soltera, de Federico García Lorca y tuve el honor de ser dirigida por él. Alberto dejó el país a principios de los ochenta y se fue a vivir a Costa Rica. Él siempre, cuando venía, me visitaba y su última visita a mi casa, día en que me avisaron la muerte de Jaime Alberdi, un año después fallece él, dejando pendiente un monólogo que quería dirigirme ya que pensaba regresar a Nicaragua.

A Manolo Villamil, cubano, lo conocí en Radio Mundial a finales de los sesenta cuando fue contratado por Radio Mundial para integrar el Cuadro Dramático de la radio. En 1971 fundó con Jesús Miguel “Chuno” Blandón el grupo Actores Unidos de Nicaragua, dirigiéndome para teleteatro en Distinto, de Jean Anohuil y Por los Caminos van los Campesinos de Pablo Antonio Cuadra, la cual tuvo gran éxito. Manolo fue el que me enseñó la técnica de la actuación para el lente de la cámara. Tuvo que dejar el país para viajar a Estados Unidos a causa del terremoto del 72, falleciendo en Los Ángeles de un ataque cardíaco.

A Jaime Alberdi ya lo conocía por referencia, pues doña Pilar y doña Blanca mucho me hablaban de él cuando hicieron, bajo su dirección, teatro y teleteatro cuando comenzaba la televisión en nuestro país. Me decían que Jaime era un excelente actor y director pero que se había regresado a su país España ya nacionalizado como nicaragüense.

En 1978 tuve el honor de conocerlo cuando fui llamada por el Teatro Experimental de Managua para personificar a Jacinta, en La Verdad Sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón y él era el director. Lo conocí en la casa de doña Adelita Pellas con su segunda esposa María Rosa, actriz española y su niña recién nacida, Montserrat. Desde ese momento nació una amistad que perduró hasta el día de su muerte. En 1981 me volvió a dirigir en la obra satírico-musical El Más Querido, de “Chuno” Blandón, que estuvo en escena durante siete noches a rebotar en el Teatro Popular Rubén Darío. A mediados de los ochenta se fue a vivir con su familia a Venezuela y luego a Honduras, aunque él siempre nos venía a visitar cada tanto tiempo y además pensaba regresar a Nicaragua cuando lo sorprendió la muerte en Honduras.

Todos ellos murieron en plena capacidad creativa, dejando un gran vacío en el ámbito teatral, pero siempre presentes en la historia del teatro en Nicaragua.

Por estos muertos, nuestros muertos, pido, no castigo, sino un aplauso que yo quisiera eterno. Las nuevas generaciones, en algún momento, sabrán de ellos y nosotros, desde donde estemos, también vamos a aplaudirlos.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda