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¿Quién es el que miente?
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Rubén Darío dijo que “ser sincero es ser potente”, lo cual es cierto, pues en buena medida la fortaleza moral de una persona o de los representantes de una institución se determina por su sinceridad, es decir, por la capacidad de actuar y expresarse libre de fingimiento y con verdad.

Como se sabe, lo opuesto a “potencia” es debilidad. De tal manera que de acuerdo con el concepto dariano la falta de sinceridad identifica a los débiles de carácter. O sea que la insinceridad es debilidad.

Por ejemplo, es debilidad que el gobierno de Daniel Ortega haya tratado de ocultar los verdaderos motivos de la renuncia de la doctora Maritza Cuan como titular del Ministerio de Salud (Minsa). La doctora Cuan, como cualquiera otra persona puede haberse enfermado repentinamente y sentirse impedida de desempeñar las labores que venía desempeñando. Pero es conocido que la ex ministra Cuan comenzó a recibir presiones de la señora Rosario Murillo desde varias semanas antes de que renunciara. De manera que su renuncia fue simplemente el efecto final de una presión ejercida directa o indirectamente por la misma pareja presidencial.

Entonces, ¿por qué los gobernantes no son sinceros con la población? Si dijeran la verdad ganarían al menos un poco de crédito —que mucha falta les hace— y funcionarios mediáticos como el señor Gustavo Porras no harían tanto el ridículo.

El pecado de la ex ministra Cuan es el mismo de todos los que la han precedido en la larguísima cadena de despidos gubernamentales, o sea, no pedir permiso para realizar una gestión intrascendente. En este caso, se conoce que la causa de las presiones para que la ex titular del Minsa renunciara fue la publicación de un spot publicitario. Pero como hemos dicho en otras ocasiones, podría haber sido cualquiera otra tontería. Lo que Ortega y su esposa no soportan es que sus subordinados no los consulten. Se comportan como si fuesen monarcas absolutistas y los funcionarios sus vasallos, a pesar de que Ortega se ha expresado despectivamente contra la realeza española. Además, muy bien se sabía que el antes Viceministro y ahora Ministro de Salud, Guillermo González, había estado tras el puesto de la doctora Cuan desde el comienzo del gobierno de Ortega.

En el actual Gobierno, el cargo público depende de gozar de la simpatía de la Primera Dama y no de la capacidad profesional del funcionario. Esto explica también el hermetismo de los voceros de las instituciones hacia los periodistas y que los despidos se traten como secretos de Estado. Fue el diputado, sindicalista, activista del FSLN y funcionario del Poder Ejecutivo, Gustavo Porras, el único que habló sobre el caso de la doctora Cuan ante los medios. Las personas que en los ministerios “filtran” alguna información, ruegan permanecer en el anonimato porque si se revelaran sus nombres sus cabezas rodarían por el suelo. Tal es la triste situación de los profesionales que trabajan para este Gobierno autoritario, mediocre y violador de la dignidad humana.

Ahora bien, si el Gobierno miente en cuestiones tan simples como el despido de un funcionario, es de esperar que también lo haga en asuntos mucho más complejos e importantes, como el uso de los fondos provenientes de la venta del petróleo venezolano, los motivos detrás de las propuestas reformas constitucionales para cambiar el sistema de gobierno, la misteriosa entrada de ciudadanos iraníes al país, la función de los CDS-CPC, la invasión ilegal y forzosa de la propiedad de la Esso Standard Oil en Corinto, la manera en que el Ejecutivo pretende utilizar los casi 180 millones de dólares que está solicitando en el Presupuesto del próximo año, los impuestos ilegalmente cobrados a medios de comunicación, el hostigamiento a la brigada de médicos estadounidenses que han estado operando gratuitamente a niños que padecen de enfermedades del corazón en el Hospital Infantil La Mascota, el programa de lucha contra la corrupción, etc., etc.

Como dice la frase de Rubén Darío anteriormente citada (“ser sincero es ser potente”), es precisamente en la ausencia de sinceridad donde queda demostrada la misma debilidad de este Gobierno. De modo que los hechos demuestran que no son los medios de comunicación los que mienten, como dice Daniel Ortega, sino al revés.

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