Hace unos años el ex Presidente del Gobierno español, José María Aznar, fundó el centro de pensamiento Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), con el objetivo de promover la democracia y las libertades de los españoles. Dicha fundación ha ampliado sus horizontes hacia Latinoamérica y, hace unos días, presentó en Caracas un estudio titulado: América Latina, una Agenda de Libertad.
Además, en noviembre la Fundación FAES patrocinó una nueva edición del libro: Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario, de Carlos Rangel (1929-1988), que se publicó en 1976. Rangel era venezolano y mediante sus escritos demostró ser un tenaz académico, infatigable investigador y un pensador erudito. Es uno de los grandes intelectuales latinoamericanos al que se le tiene mucha admiración y respeto, fue pionero al realizar un certero diagnóstico y proponer soluciones ciertas al centenario problema del subdesarrollo latinoamericano.
El aporte de este coloso intelectual venezolano conserva plena vigencia. Debe ser leído por todos aquellos líderes latinoamericanos que anhelan sociedades prósperas y más dignas para todos. Es un documento liberador de la atrasada cultura hispana que heredamos de nuestros antepasados y que aún llevamos como segunda piel.
Si los líderes venezolanos de las últimas dos décadas del siglo pasado se hubiesen ilustrado y le hubiesen hecho caso a Rangel, la tragedia que hoy vive Venezuela se hubiese evitado, porque Chávez, el dictador del siglo XXI, no hubiese podido corromper las libertades individuales, la institucionalidad y la democracia que Rangel reclamaba para su país.
La contribución que el ex presidente español Aznar está haciendo con su propuesta para Latinoamérica que presentó en Caracas y la nueva edición del libro de Rangel son aportes para la libertad, y a lo que más le temen los dictadores es precisamente a la libertad. Esta es la razón del desenfreno, la furia y la iracundia del dictador venezolano en la XXVII Cumbre Iberoamericana hacia Aznar. La libertad es veneno letal para el dictador, por eso le teme.
Nuestro presidente Ortega nuevamente yerra al respaldar al dictador del XXI, ya que para progresar deberíamos seguir el ejemplo de los más prósperos del planeta que es precisamente lo que hicieron los españoles después de la muerte de su último dictador, Francisco Franco, en 1975. Posteriormente, el rey Juan Carlos lideró España por los senderos de la democracia y la libertad. Treinta años después, gracias a su visón y su liderazgo, los españoles dejaron el retraso histórico que tenían y han alcanzado altísimos niveles de prosperidad y libertades. Hoy, España está entre las veinte naciones más prósperas del mundo.
La insólita propuesta de Ortega de que la OEA excluya a Estados Unidos y Canadá que son precisamente los países más prósperos de este continente, nos haría regresar al oscurantismo que heredamos del período colonial y aún no hemos podido superar. Lo que los latinoamericanos deberíamos hacer es exigir al Secretario General de la OEA, José Miguel Inzulza que sepa guiar a Latinoamérica hacia la prosperidad mediante la implementación de las prácticas de los más prósperos del planeta, en cuyo caso sería muy adecuado que se ilustre y divulgue el modelo que los españoles han seguido para lograr su prosperidad actual.
En lugar de irrespetarlos y provocarlos, el presidente Ortega debería pedir a los españoles y a sus líderes que nos ayuden con su experiencia para sacar de la pobreza a la mitad de los nicaragüenses que están en la indigencia, a fin de que nuestro pueblo disfrute de libertad y de prosperidad semejantes a las que hoy disfrutan los españoles gracias al liderazgo del Rey.
Hoy día, el aporte de la Fundación FAES, el trabajo del ex presidente José María Aznar y su excelente equipo de colaboradores resulta más importante que el aporte que nos brinda la voluminosa y costosa organización que posee la OEA. Como sabemos, la OEA poco hace para atender de manera eficaz los asuntos primordiales como la institucionalidad y la vigencia del Estado de Derecho en la región. Thomas Jefferson (1743-1826) decía: Eduquen e informen a todos los ciudadanos, pues ellos son la única garantía para preservar nuestra libertad.