El Gobierno boliviano decretó ayer la libre importación de todo producto alimenticio que escasea en el país, y la prohibición de exportar carne de res, aceite y granos, para frenar la escalada inflacionaria que trepó a 9.68 por ciento en 10 meses.
El ministro de Hacienda, Luis Arce, confirmó que las medidas están destinadas a “disminuir el ataque especulativo de precios: garantizar el abastecimiento y bajar los precios”.
Según el estatal Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró un incremento cercano al 10 por ciento y los productos alimenticios que más sufrieron una variación son el tomate, carne de res, papa, arroz y zanahoria.
El Gobierno lanzó un primer decreto la semana pasada para establecer el arancel cero para la importación de arroz, maíz y trigo y ahora lo amplió a “todo producto” que falte en el mercado local.
Como primera medida, el presidente Morales dispuso la importación de 10,000 toneladas de arroz y ordenó la compra directa desde el departamento de Beni (noroeste) de 15,000 kilogramos de carne vacuna para su distribución a comerciantes privados minoristas en las ciudades La Paz y su vecina El Alto.
Paralelamente, el Poder Ejecutivo dispuso “suspender temporalmente la exportación de harina de trigo, trigo, arroz, semilla de arroz, maíz en grano y carne de res”.
Los empresarios agropecuarios y agroindustriales, principalmente de la rica región de Santa Cruz, motor de la economía boliviana, manifestaron que la libre importación de alimentos afectará el débil aparato productivo boliviano.
El Gobierno no dio detalles de las cantidades de productos que podrán ser importados, que dependerá de la iniciativa privada.
En Latinoamérica son varios los países que enfrentan alzas de la inflación, incluyendo a Venezuela y Nicaragua.