Ya es tiempo de que los nicaragüenses nos compenetremos de la gravedad del sida y aceptemos que es una plaga internacional que nos ha caído y que incumbe controlar unidos. Estimular esa actitud de solidaridad en la región y resaltar la prevención, fueron los objetivos principales del V Congreso Centroamericano (IST/VIH/Sida), realizado en nuestra capital. Para resaltar la importancia, el Secretario General de la ONU envió 30 especialistas para ilustrar al auditorio sobre la experiencia y prevalencia de la pandemia en el área. Fue significativa la inscripción de más de dos mil interesados. Se presentaron encuestas desde varias perspectivas: percepción de los adolescentes del flagelo, niveles de aceptación de la profilaxia, frecuencia en los departamentos, resistencias culturales, deficiencias administrativas, discriminación familiar, comportamiento del sida en el tiempo por municipios, edad, género, oficios y profesiones. También se presentaron valoraciones de la confiabilidad en los resultados de los laboratorios. En todo caso se procuró sacar a la pandemia del closet. El encuentro fue realzado por la presencia de Su Alteza Real, la distinguida princesa heredera del trono de Noruega, Mette-Marit, cuyo país contribuye a nivel mundial generosamente a la lucha antisida. Su exposición fue un modelo de cómo debe abordarse un tema que todavía muchos relacionistas tratan con miedo, como si hablasen de un asunto tabú, llamando a los condones con eufemismos en vez de referirse a ellos sin malicia y con naturalidad.
No obstante, fue lamentable la escasa difusión que tuvo en los medios la materia allí discutida, pudiendo reproducir resúmenes de las exposiciones. Por ello, fue desagradable enterarse por boca de funcionarios del Minsa, que esa institución no organizó el Congreso y no contribuyera a forjar los ejes primordiales de las comunicaciones. Me refiero concretamente a Conisida, considerando que el coordinador de ese programa, que maneja fondos de la ONU, es el secretario general del propio Ministerio. Si algo se publicó sobre el Congreso al inicio del mismo, fue desacuerdos internos y forcejeo de funcionarios, que buscaban protagonismo. Ese espectáculo de reprochable rivalidad entre autoridades encargadas de vigilar la Salud Pública, demuestra mediocridad y egoísmo, provocados por ese gusano que todo lo devora a su paso, atendiendo sólo a sus intereses, incapaz de comprender la necesidad ajena, sobre todo tratándose de una pandemia que afecta a la nación. El pueblo espera de esos funcionarios estrategias y planes a largo plazo en el campo de la medicina preventiva, pues curar es mucho más costoso que prevenir. Por otra parte, señalo que a nivel mundial, 4 de los seis países de América Latina con mayor porcentaje de infección del VIH están en Centroamérica (2.5 por ciento). Es ahí donde el virus cobra una de las primeras diez causas de muerte. Me refiero a Honduras, Guatemala Belice y Panamá. Por lo demás, es irresponsable asegurar que en Nicaragua el porcentaje de personas afectadas de sida es el más bajo comparado con sus vecinos del área. Tal afirmación no puede probarse, ya que los Silais no cuentan con los fondos necesarios para cubrir esa bioestadística a nivel nacional. A ese respecto es evidente que existen grandes debilidades en el Minsa en la descentralización financiera. Para mejorar esa situación es verdad que han venido mejorándose los procesos de programación y ejecución física-financiera de sus presupuestos, con el fin de optimizar recursos. Debe insistirse que uno de los propósitos básicos es obtener estadísticas, claras y veraces, que se traduzcan en una cultura de índices de salud, que permita medir el rendimiento de los programas que ejecuta el Ministerio, sobre todo para dar seguimiento a los niveles de infección del sida en Nicaragua, que desgraciadamente va aumentando, como si fuese un tsunami incontenible .